Uribe vive del bobo

¿Quién gobierna hoy en Colombia? Quizás sea Sarmiento Ángulo, quien tiene un Fiscal de bolsillo para que le ayude a cuidar su riqueza y que, además, le sirve de perro guardián por si alguien intenta horadar la fortuna del “mayor de los cacaos” colombianos. Ya vieron cómo acudieron a salvaguardar el grupo AVAL ante una legítima protesta.

Quizás sea el grupo antioqueño en su conjunto, el cual lleva décadas gobernando en cuerpos como el de Uribe y quería (y sigue queriendo) hacerlo a través del alma “neutral” de Fajardo. Quizás sea el mismo Uribe, quien parece haber encontrado el muñeco ideal para ello, el caribobito de Iván. Me inclino por esta última opción.

Lo mejor que puede hacer un estratega es buscar una mampara. En Estado Unidos, por ejemplo, los ricos texanos encontraron en el bobo de Bush hijo, el títere perfecto. A través de él fueron capaces de alcanzar sus intereses y apoderarse del petróleo de Medio Oriente. En esa misma lógica, Iván Duque es el bobo de Uribe.

En estos días Aída Abello hizo un trino con un mensaje que considero acertado, decía la senadora que a Iván Duque lo mantienen viajando, mientras otros están gobernando. Mientras el caribobito toca la guitarra aquí o allá, golpea el balón y hace cabriolas de ingobernabilidad, el plan de gobierno se ejecuta.

Claro que hay dos planes de gobierno, uno está destinado a fracasar; es decir, la agenda del bobito, sus intentos fallidos de subir impuestos, sus directrices amorfas y sus intervenciones vergonzantes. Y como el vivo vive del bobo, pues el vivo de Uribe maneja sus hilos, se erige como el salvador, manipula el Senado, protege sus amigos ricachones y sus otros amigos, los de dudosa procedencia, en fin, gobierna con el plan de verdad.

Recuerdo que en el barrio en donde crecí había un bobo, como en casi todos los barrios antiguos. Antes de que tildar a alguien de bobo fuera motivo de condena, los bobos eran queridos, se les consentía, nadie dejaba que los maltrataran, en fin, era el bobo del barrio. Como eran tiempos de telegramas, cartas a mano y mensajes voz a voz, el bobo hacía los mandados, sobre todo los que tenían que ver con recados amorosos.

En ese mismo barrio vivía una familia que tenía tres hijas muy lindas, todas ellas en la flor de la adolescencia y uno de los muchachos usaba el bobo como mensajero de las misivas de amor que su mano temblorosa escribía. Un día el padre de las muchachas sorprendió al bobito con una de las cartas e intentó golpearlo. El barrio intervino en su ayuda, menos el joven seductor, quien se evadió y, como dijeron en el barrio, dejó morir al bobo. Seguramente hoy ese huidizo joven sea un avezado político del Centro Democrático.

El vivo diseña estrategias para que el bobo las ejecute de manera inocente. Y Uribe es el vivo de este cuento. Él trató de gobernar en el cuerpo de Santos, pero aunque Santos tiene cara de bobo, de bobo no tiene nada. Es hijo de la burguesía y en esos niveles a los delfines los preparan para ser vivos y si uno de ellos sale bobo, se lo ceden al bando contrario, como en este caso hicieron con Pachito Santos.

Uribe, creó su propio bobo. Se aseguró de que estuviera fabricado a su medida, le tinturó el cabello, lo disfrazó de paisa con sombrero y todo, lo puso a visitar pueblitos con su acento de vendedor de artilugios y lo sentó en la Casa de Nariño, todo con el fin de ejecutar una opereta.

Uribe es un creador de bobos, tiene como ocho millones entre la clase media y los pobres, los otros dos millones no cuentan, esos son los ricos, y los ricos viven de los bobos. Hoy gobierna mientras Iván Duque soporta toda la andanada de protestas por el trágico destino del país. De esa manera, Uribe no solo gobierna, sino que tiene un “muñeco de poner”. La maniobra perfecta.

La estrategia de Uribe es seguir gobernando por saecula saeculorum, para ello debe evitar el desgaste político. El país es un naufragio constante, amenaza con pronto colapsar. Uribe se sabe el capitán salvador que acudirá a llevar a buen puerto a Colombia. Es un ególatra de marca mayor, tiene un bobo que hace bien su oficio de bobo y millones de bobitos que aún le creen. Esto parece que le está funcionando, pero no hay que olvidar que, como decían en mí barrio, hay que tener mucho cuidado porque un “bobo toriado mata la mama”. ¡Hucha Iván!


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