Un individuo no identificado con lo propio y lo originario, convertido en un imitador, egoísta, un individualista motivado por el dinero y el poder

Nathalia Ortiz Enciso17 mayo, 201910min21
La imagen de nuevo milenio que constantemente venden los políticos y medios de comunicación, con una Colombia del futuro, progresista, no es consecuente con lo que en realidad está pasando internamente, frente al manejo de sus recursos y su identidad.

No se necesita mucho para hacer un recorrido por la época colonial, solo hay que tener en cuenta que Colombia fue poblada por europeos, que los indígenas, luego criollos y después campesinos, fueron vulnerados en sus derechos, utilizados con los más deshonrosos intereses. Que la política que se constituyó fue traída de otro país, junto con sus carencias y errores que hoy en día aún se pagan.

La gente que pudo ser razonable, cayó en cuenta de que los dueños de esta Colombia fueron traicionados, utilizados por los españoles, trataron de levantar barreras, medios para poder resistir toda la maldad que  condujo a esta arrolladora racha de solo fracasos, intentando con todos los medios abrir la mente de los conciudadanos; pero la mayoría estaban untados de la terrible magia de la religión, absurdamente manipulados, deslumbrados por la tez blanca de un rey, así que fueron inútiles esos esfuerzos de oposición hacia la imposición.

Los colonizadores que llegaron a nuestro territorio exterminaron gran parte de la población nativa, para remplazar la mano de obra trajeron esclavos negros del otro continente.

Los esclavos lucharon por su liberación y junto con comunidades que huían del poder colonial se agruparon y lucharon para defender su territorio, aunque eran menos lograron ocupar las tierras que ellos querían habitar de manera libre.

Tiempo después por esa libertad que se luchó, eso que llaman desarrollo volvió a expulsar familias, tribus, etnias, de sus territorios. En pleno siglo XXI el deseo de dinero, ha permitido explotación, esclavización, desplazamiento forzado, se ha despojado miles de familias de sus propiedades por los extranjeros y sus grandes empresas.

Las multinacionales solo quieren el recurso natural, puesto que no cumplen con las regalías dejando el patrimonio más pobre y con un gran daño ambiental.

La imagen de nuevo milenio que constantemente venden los políticos y medios de comunicación, con una Colombia del futuro, progresista, no es consecuente con lo que en realidad está pasando internamente, frente al manejo de sus recursos y su identidad. Esta situación pone en riesgo el territorio colombiano, el progreso no es como lo pintan, Colombia con sus tratados de libre comercio, con la inversión extranjera, no se convierte en un país desarrollado, por el contrario, cada vez es más tercermundista.

Con esto dicho anteriormente Colombia entonces no sería una patria futurista competitiva con las grandes naciones, por su afán de acoplarse y pensar que desarrollo es venderse, se convierte cada vez más en simple materia prima, retrocede en el tiempo, se vuelve a un neocolonialismo del cual somos presa actualmente.

Se debe luchar por una independencia de pensamiento y de accionar, volver a la identidad que hace mucho nos definía, creer en ella protegiéndola, luchar como hace años lucharon los antepasados, pero esta vez con más convicción, unidos frente a no permitir nuevas conquistas.

Esos colores que nos identifican el rojo, el amarillo y el azul se están destiñendo, eso que significaba lucha por la libertad, por la independencia ya no queda nada.

El rojo de esa sangre que se derramó en campos de batalla por libertad frente al imperialismo, se ha derrochado, se ha desperdiciado, la independencia resulta ser efímera en esta época, porque nuestro territorio es cada vez más dependiente del extranjerismo.

El amarillo de riqueza del suelo, la gran fertilidad, la luz, la armonía, la justicia, cada vez se ve más pálido, empañado por la corrupción, por las imágenes de contaminación, la tala de árboles, la extinción de especies, y los cráteres inmensos por la minería.

El azul del cielo, el agua que rodea nuestro país, ya no es tan azul, se ha tornado café, por el turismo, hidroeléctricas y la contaminación que día a día sufren los mares y ríos. La inversión extranjera que tanto piden los políticos, ha dejado nuestros colores muy pálidos, con otros matices.

La gente de hoy se ocupa de ser esclavo de la sociedad del consumismo, siendo prisionera de un inconformismo ante la vida, que no se asume, si-no que huye cada minuto de ella.

Lo único que se asume es lo que no es propio y nativo de acá. Colombia ya no es patria, es un pedazo de tierra que se explota. Es tan ajena que los que la habitan y reniegan de su sangre, los hombres que, por cosas del destino o ‘castigo divino’, nacieron acá, buscan por todos los medios que ofrece la globalización apropiarse de otra cultura y de costumbres, de lugares merecedores de admiración, deseables, donde la sumisión se ve con el más alto agrado, donde la servidumbre se disfruta.

Querer salir de Colombia es una meta fijada, el que tiene la posibilidad no dudaría dejar este país de nadie, para realizar un sueño, el sueño americano, europeo, de prepararse para ser un buen mesero, pero en otro país ganando dólares o euros.

A partir de estos preceptos, en la actualidad todo lo que pasó en la época de colonización sigue presente y el pensamiento del colombiano no cambia, desean seguir viviendo de la misma manera, desean seguir siendo vendidos ante el sistema impuesto por los intereses de pocos y los intereses económicos de los que tienen el poder.

Esto se puede solucionar pero solo si se hace un alto en el camino, si se ve la historia y se decide no repetirla más, lo  cual deja como solución que para  no caer en lo mismo, se deben de ocupar de su ser, hacer una auto evaluación, pensar qué es identidad, qué me define, de dónde vengo, cómo debo ser, cómo debo construirme, en realidad  qué es lo importante para mi desarrollo mental, espiritual, emocional, político, que me haga crecer interiormente para enfrentarme de nuevo a la construcción de una sociedad.

En este punto es necesario pensar en construir un estilo de pensar diferente, en buscar una emancipación.

Muchos se unen con el sueño en común de salir de Colombia, donde roban, donde matan, donde violan, donde hay pobreza extrema, donde la educación y salud popular es precaria, donde el pueblo es ignorado y la clase opulenta aprovecha más los recursos de todos, donde la moda no se vive tan directamente, donde el arte, la literatura llegan tarde y, por lo tanto, atrasada, donde los avances tecnológicos son prehistóricos a comparación de países como Japón, China,

No obstante, a pesar de que la globalización ha permitido disminuir esa brecha, aún se continúa subdesarrollado porque el modelo es el mismo. Colombia, lugar en donde el gusto por otras y nuevas cosas se convierte en obsesión, a tal punto que llegamos a ser el país más diverso, no solo en biodiversidad, también cultural, social, político, sin crear nada nuevo, ni propio, sin unidad. Solo recibiendo retazos, desechos, y conformados con eso, despreciando lo poco, pero lo propio.

La construcción de identidad que se vive es una creada bajo términos de anti identidad, por no asumir lo que se posee, si no por copiar lo que ya poseen otros con orígenes muy distintos a los propios.

Es preciso apuntar a que el individuo que no tiene identidad relacionada a sus verdaderos orígenes, busque ocuparse de sí mismo, aportar a la propia autoconstrucción.


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