Ser pilo paga o la astucia de un matemático para producir catástrofes

Pierre Edisson Diaz Pomar26 octubre, 201821min623
El déficit que dejó Ser Pilo Paga es de 2 billones 87 mil millones de pesos. Al final de 2018 las cuentas para el erario público son desastrosas: el programa SPP le ha costado a las/os colombianos 4 billones de pesos que de haber ido a las universidades públicas habrían garantizado la educación a por lo menos 400 mil jóvenes.

Desde su época pregradual el padre de Ser Pilo Paga (SPP) estaba obsesionado con saber cómo una pequeña perturbación en un sistema es capaz de causar una gran modificación a ese mismo sistema. Con el tiempo, este graduado en matemáticas de la Universidad Nacional elaboraría dos pequeñas catástrofes que terminarían por modificar el sistema y la política de la educación universitaria del país.

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Luego de ser discípulo de René Thom, el padre de la teoría de las catástrofes,  y doctorarse en París, retornó a Colombia para desempeñarse como consultor de entidades públicas y corporaciones privadas; desde 1998 sería profesor del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Los Andes.En el 2011 convenció a uno de sus estudiantes de doctorado para que trabajara sobre su obsesión intelectual pero concentrándose en la educación superior.

Con el apoyo de Pablo Navas Sanz de Santamaría, el rector uniandino que años después se negaría a aceptar la tutela que reconocía el derecho al reintegro y buen nombre de Carolina Sanín, la primera versión de SPP llegó a las manos de María Fernanda Ocampo, en este entonces ministra de educación, quien la devolvió con algunas sugerencias. Roberto Zarama hizo varios ajustes de su proyecto sobre rentabilidad en educación y se lo presentó a Gina Parody quien lo convirtió en programa bandera de su ministerio de educación.

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En época de campaña electoral, Juan Manuel Santos afirmó que el SPP beneficiaría a 600 mil estudiantes. No obstante, el 7 de agosto de 2014 en su posesión afirmó que serían 400 mil los beneficiados, pero a la hora de la verdad el Programa solo alcanzó para 40 mil estudiantes, pues el 87% de los recursos públicos del proyecto se gastó en el pago de matrículas en universidades privadas.

La Universidad de Los Andes no desaprovechó la oportunidad de embolsillarse recursos públicos y para ello aumentó el costo de las matrículas: de un 5,5% de aumento anual  entre el 2009 y el 2015, pasó a 6,9% en el 2016, y lo aumentó 9.6% en el 2017.

En el 2018 las/os estudiantes de Medicina de la Universidad de los Andes quedaron pagando $ 23.500.000 y los estudiantes de los otros programas $16.344.000, 6% más de lo que pagaron en el año anterior, un abuso que los dejó perplejos y los condujo a manifestarse en contra del rector Pablo Navas y las directivas de la universidad.

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La Universidad de los Andes y la Universidad del Norte recibieron cada una 131 mil millones por SPP; 100 mil millones recibió la Universidad Javeriana, 64 mil millones la Universidad de la Sabana y 59 mil millones la Pontificia Bolivariana.

Todo un despropósito financiero cuando en el caso de la Universidad de Magdalena, que es pública, por cada uno de los 45 “pilos” que recibió, el Estado entregó dos millones de pesos.  Pensará el lector/a que el 87% de las/os pilos del país se fueron a estas universidades privadas porque académicamente son mejores que las universidades públicas. Falso. De acuerdo a cifras del Ministerio de Educación, ocho de las diez mejores universidades del país son públicas.

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Roberto Zarama no se quedó quieto. Preocupado por generar una nueva pequeña perturbación capaz de afectar el sistema al punto de modificarlo -objetivo de la teoría de las catástrofes de René Thom- elaboró el estudio para el Icetex que en abril de 2018 se convirtió en Ley de financiación contingente al ingreso, que en términos concretos obliga al joven “beneficiado” a endeudarse para estudiar y dedicar varios años de su vida como graduado a pagar la deuda adquirida.

En los Estados Unidos se puso en marcha un proyecto similar al trabajado por el Icetex desde sus comienzos y “mejorado” por Zarama, y en 2016 solo el 50% de las personas terminaron de pagar la deuda de los estudios que iniciaron en 1995-1996, el resto de graduados/as siguen endeudados. En el caso colombiano el 85% de los endeudados con el Icetex estudiaron en universidades privadas, muchas de ellas de dudosa reputación académica. Icetex es una entidad estatal que acrecienta el negocio educativo de las universidades privadas y Zarama puso a jugar la teoría de las catástrofes a favor de tan funesta iniciativa para la educación universitaria.

Para el 2015 Colombia ya sabía que SPP era un fracaso educativo. En febrero de ese año el Observatorio de la Universidad Colombiana señaló que si Juan Manuel Santos y Gina Parody extendían el programa a 40 mil “pilos”, dejarían 1.7 billones de pesos de compromisos presupuestales al siguiente gobierno. Empero, la obsesión con las pequeñas perturbaciones que hacen tanta gracia al gobierno nacional y al sector privado de la educación, hizo tan famoso a Zarama que en el 2015 el diario El Espectador lo nominó personaje del año: “Quedé perplejo y agradecido con todos los estudiantes pilos que son los que se merecen y con el equipo que hemos configurado para realizar este proyecto”, afirmó el admirador colombiano de lo matemático catastrófico que no perdió la oportunidad para agradecer a Gina Parody, “la líder que está generando una transformación radical en este país”.

Tres años después de la nominación del matemático como personaje del año, María Victoria Angulo, la actual ministra de Educación, afirmó que el déficit que dejó el programa Ser Pilo Paga es de 2 billones 87 mil millones de pesos. Al final de 2018 las cuentas para el erario público son desastrosas: el programa SPP le ha costado a las/os colombianos 4 billones de pesos que de haber ido a las universidades públicas habrían garantizado estudios universitarios a por lo menos 400 mil jóvenes.

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Contra este deplorable Programa concertado entre el gobierno nacional y la universidad privada, el Manifiesto por la Educación Superior Pública redactado el 18 de septiembre de 2018 y suscrito por diez universidades públicas del país, exige al gobierno de Iván Duque que destine a las universidades públicas todos los recursos comprometidos al SPP y al Icetex.

Sin embargo, en la reunión de la mesa nacional de diálogo y concertación por la educación superior pública realizada a mediados de septiembre y en la que participaron profesores representantes de las universidades públicas y delegados del gobierno nacional, el viceministro de Educación Luis Fernando Pérez y su equipo técnico irrespetó al sector universitario público al asegurar que el gobierno nacional garantizará 787 mil millones para el programa SPP y repartirá 55 mil millones de pesos entre las 61 Instituciones de Educación Superior (IES) del país. La burla total.

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Dijo René Thorm, el maestro de Zarama, que “una misma situación local puede dar nacimiento, bajo el efecto de valores desconocidos o inobservables, a consecuencias extremadamente diversas”. ¿Acaso era desconocido e inobservable el evidente enriquecimiento de las universidades privadas en detrimento de la universidad pública así como el endeudamiento de los/as estudiantes comprometiendo lustros de su vida a pagar a Icetex en contravía del derecho a la educación garantizado en la Constitución de 1991?

Según Luis Martín Santos, la teoría de las catástrofes compromete al investigador a concebir lo dinámico y el acontecer como lo esencial. Metódicamente esta teoría echa mano de la homología para pensar comparando, al comparar con otros objetos y realidades se garantiza que el objeto nunca se agote por miradas unilineales como tampoco lo restrinja al método y los intereses personales de quien investiga.

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Dice Martín Santos sobre quienes trabajan desde esta teoría: “Hay algo distintivo en la concepción del teórico de catástrofes, y es que es un verdadero artesano que maneja pequeños artefactos dentro de los cuales va ocurrir una pequeña catástrofe”.

Al escribir sus propuestas de Ser Pilo Paga y el proyecto para el Icetex de financiación contingente al ingreso, Zarama comparó la educación universitaria colombiana con la de otros países y concluyó que si funcionó en el Reino Unido, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia -entendiendo por “funcionar” lograr el fortalecimiento del sector privado afectando a la mayoría poblacional- entonces también funcionaría en Colombia.

Y claro que funcionó, tan así que el 15 de septiembre cuando el gobierno nacional retoricamente expresó que eliminaría SPP, al otro día Zarama firmó una misiva suscrita por Moisés Wasserman, Mauricio Alvear, el decano de la Facultad de economía de la Universidad de Los Andes, entre otros, exigiendo al gobierno nacional que sostuviera el Programa.

La teoría de René Thom no es apocalíptica y tampoco es sobre los desastres que abundan en el mundo. Todo lo contrario, en la teoría del matemático francés la catástrofe es la bifurcación que permite plantear una nueva perspectiva sobre el fenómeno analizado, es el otro camino, es el cambio de perspectiva, es la necesidad de pensar creativamente. Es imposible que Zarama no se diera cuenta de la cantidad de variables presentes en la educación universitaria y la política educativa colombiana.

Roberto Zarama y su equipo técnico no son ignorantes de la situación real de la educación del país, ellos saben que hay diferencias abismales entre un estudiante que estudió en un colegio privado pensado para niños/os y jóvenes de los estratos 5 y 6 de las grandes ciudades colombianas y estudiantes de la zona rural del Tolima, Vichada, Guainía, Chocó y Amazonía.

Zarama también sabía que existen diferencias socioeconómicas y culturales entre un muchacho/a de un colegio público de una ciudad capital y un/a estudiante de una escuela rural. A pesar de ello, ideó Ser Pilo Paga y la propuesta para el Icetex porque son proyectos útiles al sector privado de la educación. Sin embargo, contra la obsesión intelectual del matemático profesor de la Universidad de Los Andes y contra la privatización de la educación, desde principios de este semestre se ha organizado la comunidad de la Universidad pública.

Todo indica que la misiva firmada hace unos días por Roberto Zarama fue leída por el gobierno nacional y el sábado 20 de octubre en Malambo Atlántico Iván Duque presentó Generación E, el programa que supuestamente reemplaza a SPP pero cuya diferencia sustancial es que del 100% del pago de matrícula que el gobierno nacional hacía a las universidades privadas, ahora reconocerá el 75%.

Este martes el SUE, Sistema de Universidades Estatales expresó su preocupación por un programa que además de ser el reencauche de Ser Pilo Paga, incrementa los gastos de funcionamiento de las universidades públicas, aumenta la tramitomanía, no reconoce el costo operacional neto, desvía recursos públicos a universidades privadas, presta atención a la demanda sin invertir en la oferta educativa y endeuda al estudiante.

Además de lo expresado por el SUE, “Generación E” mantiene varios problemas del Ser pilo Paga de Zarama:

1. Excluye a los “no pilos/as”, yendo en contravía del artículo 67 de la Constitución Política de Colombia que consagra el derecho a la educación gratuita en las instituciones del Estado;

2. Al no pensar desde la realidad social del país, sigue considerando que un estudiante de grado once de un municipio del Amazonas tiene las mismas condiciones socioeconómicas, educativas y territoriales que el/la estudiante del colegio público de las grandes ciudades.

3. Obliga a que las/os jóvenes se concentren en los grandes centros urbanos del país, en lugar de abrir nuevas universidades públicas regionales y fortalecer las universidadedes regionales existentes;

4.  No satisface las exigencias del movimiento universitario, pues es un paño de agua tibia que pauperiza la vida de la educación pública de Colombia.

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La obsesión intelectual de Zarama produjo un par de catástrofes contra las que pelea la UNEES y el movimiento universitario nacional. Los profesores Luis Fernando Marín de la Universidad del Quindío, Adolfo León Atehortúa (que por su grave estado de salud debieron retirarse) Juan Carlos Yepes de la Universidad de Caldas y el estudiante Jesús Leonardo Yolid León de la UPTC completan once días en huelga de hambre exigiendo al gobierno de Duque una mesa nacional intersectorial para debatir y concertar decisiones a favor de la universidad pública.

La teoría de las catástrofes propone que una discontinuidad es capaz de irrumpir súbitamente en un campo generando nuevos estados en dicho campo. Sin duda alguna, Zarama generó dos discontinuidades conduciendo a que la educación universitaria pública saltara de una pésima a una crónica situación que, por supuesto, favorece al sector privado de la educación.

En 1989 René Thom expresó que la teoría de las catástrofes fracasó en su aplicación porque su desarrollo práctico requeriría, sobre todo, una mentalidad investigadora no obsesionada con la comprobación del cumplimiento de una ley. Hace casi treinta años el maestro ya tomaba distancia de las catástrofes que producirían sus discípulos. Casi treinta años después de las palabras de Thom, las/os estudiantes y las/os profesores de Colombia están organizados para defender la universidad pública de las catástrofes generadas por los sueños de la razón instrumental.

Este fin de semana es trascendental para el futuro de la educación del país y se espera que el anhelo y la razón de las mayorías derrote a los sectores políticos historicamente mezquinos y antidemocráticos de la sociedad colombiana. En esta página de la historia de la educación que se viene escribiendo con muchas manos, quedará dicho que contra el miedo, el terror y la indiferencia, el amor por la universidad pública hizo que la gente se organizara para manifestarse en las calles y definir una ruta de trabajo en contravía de gobiernos y funcionarios tecnicistas entrenados/as para sostener un modelo y una política de educación distante de la vida ética, alegre, justa y en paz necesaria en cualquier sociedad que se diga digna y decente.

Los de ahora son tiempos interesantes para el país y la educación universitaria. Los de ahora son los tiempos de la gente que se quiere distanciar de la máquina privatizadora del aula, las clases, la pedagogía y la vida.

 

 

 

 

Por: Pierre E. Díaz Pomar
Profesor UT, sindicalista ASPU UT


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