¿Quién le cree a los partidos políticos?

Los partidos políticos, actores clave en los sistemas democráticos, pasan por su mayor crisis de credibilidad. Los recientes casos de corrupción han llevado a que los ciudadanos confíen cada vez menos en estas organizaciones y opten por seguir liderazgos individuales por encima de las ideologías y planes programáticos.

Colombia, al igual que el resto de las democracias del mundo, enfrenta la crisis de la falta de credibilidad de los ciudadanos hacia sus instituciones. Según la última encuesta de Gallup, tan solo el 12% de las personas tienen una imagen favorable del Congreso, y las múltiples manifestaciones y protestas periódicas que vive el país (como el paro estudiantil y de profesores, el camionero, las
marchas indígenas, etc.) demuestran la desconfianza y la pérdida de conexión que existe entre las instituciones y la ciudadanía.

Más allá del país, la medición de la revista The Economist demuestra que el fenómeno es mundial, pues ninguna de las siete regiones en que se divide el informe registró mejoría (América Latina de hecho retrocedió de 6,33 a 6,26 sobre la puntuación máxima de 10,00).

Mientras las instituciones democráticas le piden confianza a la ciudadanía, hechos de corrupción como el caso Odebrecht ponen a las organizaciones políticas quiebran su credibilidad y ponen en duda sobre el rol que ejercen en el sistema democrático. Entonces, ¿cómo devolver la confianza de los ciudadanos a estas instituciones?

Hablamos con Ángela Rodríguez, Directora Ejecutiva del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD) y Felipe Gómez Pallete, Presidente de ACCD Asociación para la Calidad y Cultura Democráticas, quienes vienen trabajando con los partidos y movimientos políticos de Colombia para abordar este problema, a través de la implementación de metodologías para hacerlas más transparentes hacia la ciudadanía, y que puedan recobrar la confianza perdida a través de la búsqueda de “nuevas fuentes de credibilidad”.

 

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Foto: Vanguardia Liberal, Ángela Rodríguez
¿En qué consiste el problema de credibilidad que viven los partidos políticos actualmente?

Ángela Rodríguez: Consiste básicamente en que, a raíz de todos los escándalos de corrupción y de actuaciones poco éticas, en los cuales están  involucrados los partidos políticos, la ciudadanía ha perdido la confianza en ellos. Esto no es un problema menor, ya que los partidos son actores determinantes en los sistemas democráticos. Su mal comportamiento y la falta de representatividad de quienes los eligen puede hacer que todo el sistema se desestabilice.

Felipe Gómez Pallete: Es por esta razón que tanto ACCD como NIMD estamos trabajando para hacer incidencia en los partidos políticos para que identifiquen riesgos y formulen acciones prácticas para ser cada vez más abiertas, transparentes y se vuelvan a conectar con su electorado.

¿En qué consiste el trabajo de NIMD y ACCD para fomentar la transparencia?

Á.R. Estamos trabajado con partidos políticos y con socios estratégicos en fortalecimiento a la democracia y otras organizaciones sociales en torno a la importancia de generar nuevas fuentes de credibilidad, lo cual es crucial si queremos que los ciudadanos recobren la confianza en las instituciones. Hemos realizamos varias jornadas de trabajo con los partidos para analizar el
problema de la falta de convicción en las instituciones y se ha propuesto que busquen la Transparencia de 360 grados a través de la implementación de la metodológica Herramienta Colaborativa de Resolución de Retos (HCR) para atacar de manera contundente este problema.

F.G. Tanto el NIMD como ACCD somos organizaciones que trabajamos por el fortalecimiento de la democracia, y creemos que podemos construir una mejor sociedad si apoyamos a instituciones como los partidos políticos y las autoridades de los Estados en la promoción de la transparencia y el mejoramiento continuo. Este es el mensaje que está en la base de las sesiones de trabajo con los partidos que convocamos, con los que hemos compartido y trabajado de forma práctica la
Herramienta Colaborativa de Resolución de Retos (HCR).

Con esta propuesta, la ACCD contribuye en la labor de fortalecimiento de los partidos políticos, ya que les permite iniciarse en la senda y cultura de la mejora continua, a través de lo que hemos acuñado como Transparencia 360º, con el tremendo poder de transformación que comporta.

¿Podrían explicar con más detalle en qué consiste la propuesta de una Transparencia 360º?

La cultura Transparencia 360º consiste básicamente en no limitarse a cumplir con las exigencias de la ley de transparencia e ir más allá. Una organización 360º es la que se compromete de forma transparente a mejorar permanentemente cada rincón de su casa, la que publicita su voluntad de mejora continua, además de verificar su exquisito cumplimiento con la ley.

Una organización 180º cumple lo que dice la ley de transparencia; una organización 360º, además, promete entender la transparencia como proceso de mejora continua. El espíritu 180º constituye un espacio de carencias (qué falta para cumplir con el 100 % de la ley). La cultura 360º, además de cumplir, representa un espacio ilimitado de oportunidades, porque la perfección nunca se alcanza.

Una cultura 180º se traduce en mejorar la transparencia de la organización; la cultura 360º promueve la mejora de la organización de forma continua y transparente.

Á.R. En efecto, proponemos que los partidos no se conformen con cumplir con lo básico en cuestión de transparencia. Por supuesto, es importante -y es un gran avance- que las organizaciones cumplan con las exigencias de la ley, sin embargo sabemos que esto no es suficiente para reducir el riesgo de que tanto partidos políticos como otras organizaciones incurran en actos de corrupción.

El cumplimiento al pie de la letra de las exigencias de la ley es lo que hemos llamado transparencia de 180°, es decir, es un comienzo, un punto de partida. Pero para tener efectos reales en materia de reducción de la corrupción y de aumentar la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas, y muy especialmente, en los partidos políticos, es necesario llegar a la transparencia de 360°.

Si los partidos políticos o cualquier otra organización se comporta de manera poco transparente es porque tiene grandes beneficios a través de la corrupción, por lo tanto es preciso generar estrategias que les permitan evidenciar los réditos de funcionar en el marco de la transparencia y la legitimidad ciudadana.

Á.R. Los beneficios de no ser transparente son de corto plazo. En la era de la información, la hiperconectividad y las redes sociales es cada vez más difícil mantener en secreto o por lo menos en bajo perfil actividades ilícitas o ilegitimas. Esta, en últimas, es la razón por la cual las personas pierden la confianza en las instituciones.

La perdida de confianza no se queda en lo abstracto: si un partido político tiene escándalos de corrupción su electorado se lo va a cobrar. Si una empresa que contrata con el Estado se ve envuelve en escándalos de corrupción afectará su modelo de
negocio.

Quienes trabajamos en el fortalecimiento de la democracia sabemos que es difícil que las organizaciones asuman el reto de la Transparencia 360°. Sin embargo, los costos de no ser transparente pueden llevar a que estas organizaciones desaparezcan. Por esta razón trabajamos con estas organizaciones para enviar el mensaje de que implementar estos cambios, a pesar de ser lentos, graduales y tener un alto grado de resistencia, puede tener beneficios de gran calado. Porque, en definitiva, avanzar en la Transparencia 360º es aprender a gestionar proactivamente los acontecimientos y desafíos de toda organización.

 

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Foto: NIMD, Felipe Gómez Pellete

 

F.G. La gestión de la transparencia con mentalidad 360º facilita la transformación gradual de las organizaciones de arriba a abajo hasta inocular en su ADN la obsesión por mejorar permanentemente, tanto en el seno de los partidos políticos como en el conjunto de las organizaciones sobre las que descansa el funcionamiento de cualquier sistema democrático.

Es un elemento esencial del siempre inacabado viaje, como expresó Robert Dahl, que es la democracia. “La mayor amenaza para la democracia es darla por hecho”, según la afortunada expresión de Wolfgang Schäuble, actual presidente del Bundestag alemán.

Las acciones que pongan en marcha los partidos que practiquen una gestión de la transparencia 360º y fortalezcan sus capacidades organizativas mediante el empleo de herramientas tipo HCR, van a tener mayores oportunidades de construir confianza por parte de la ciudadanía, pues es allá –en esa mentalidad y en esas prácticas– dónde se encuentran las nuevas fuentes de credibilidad institucional.

¿Cómo aporta la Transparencia 360 a la lucha contra la corrupción?

F.G. Nosotros creemos que es necesario darle la vuelta a la forma en que entendemos la corrupción, la integridad y la transparencia. Hoy se ve la corrupción como un problema o una enfermedad a curar, pero en realidad es un síntoma de problemas y realidades de mucho más hondo calado propios de la situación social.

Muchas recetas que se anuncian como fórmulas mágicas no resuelven el problema porque se ataja desde una manera simplista, superficial o interesada de entender la corrupción. Hay cientos de ejemplos en este sentido en los medios y noticiarios de cada día. Cuando se trabaja desde adentro de las organizaciones, como lo hace Transparencia 360º, se contribuye a reducir oportunidades a los comportamientos corruptos o, dicho de otra manera, a crear las condiciones para construir y fortalecer una cultura democrática que no acepte la corrupción. En definitiva: ampliar la visión de la transparencia hacia una cultura 360º es lo que ayuda a “achicar el espacio” a futuros actos de corrupción.

Á.R. Se ha dicho, y con razón, que la corrupción es una hidra que exige respuestas múltiples y complejas. Hoy en día se está atacando la corrupción desde lo punitivo, y no se están considerando medidas de carácter preventivo, sobre todo en el ámbito educativo, así como de medidas de carácter organizativo, como el empleo de las herramientas HCR que hemos promovido gracias al trabajo con la ACCD de España. Este llamado no lo hacemos solos, Transparencia Internacional insiste continuamente en que las soluciones contra la corrupción no sean solamente coercitivas, sino que se enfoquen también en lo preventivo.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance herramientas para la transparencia dirigidas a acabar con la corrupción, ¿qué hace diferente esta iniciativa?

Á.R. La diferencia básica radica en el horizonte hacia el que miran los dirigentes. En la actualidad las organizaciones miran hacia el pasado, es decir, en hacer públicos y transparentes los hechos que han sucedido, por ejemplo: el estado de las cuentas, los viajes realizados o el grado de inclusividad entre los cargos electos. Todo lo cual es necesario, pero insuficiente, porque esta práctica 180º no abarca los compromisos de mejora a futuro, lo cual si hace la Transparencia 360º. Por ejemplo: cómo se está utilizando la financiación estatal; quiénes son los aportantes privados a las campañas electorales; qué recursos se destinan para áreas internas de los partidos como jóvenes, mujeres, grupos étnicos, entre otras.. Los indicadores del estado actual de los hechos deben complementarse con los indicadores que vayan dando cumplida cuenta de cómo se están alcanzando los objetivos
de mejora del partido.

F.G. Una mentalidad 360º parte de la base de que, como nos recuerda el filósofo Javier Gomá, “la realidad se halla regida por el principio fundamental de la imperfección”. Mientras que la Transparencia 180º refleja una mentalidad de mero cumplimiento con la ley (lo cual insistimos que es necesario, pero rotundamente insuficiente), las organizaciones 360º, además de trabajar sujetos a la normativa vigente, se imponen hacer públicos, de forma voluntaria, sus compromisos de mejora permanente.

Esta es la diferencia: a la obligación de cumplir con las leyes y al interés por salir airosos de todos los test de auditorías externas (índices de transparencia 180º al uso), una organización 360º añade el convencimiento propio que le mueve a mejorar voluntaria y permanentemente todos sus resortes organizativos.

La democracia en Colombia tiene mucho que mejorar, ¿hay buen ambiente en la sociedad colombiana para este tipo de innovaciones?

A.R. Colombia se encuentra en un “puesto intermedio” a nivel mundial en niveles de transparencia y de calidad democrática. Mientras América Latina en su conjunto desciende en estos índices, Colombia muestra una tendencia en ascenso (pasó de 6,40 a 6,67 en la última medición de The Economist).

Ello puede deberse, en parte, a que el país ha ido asumiendo retos muy fuertes, por ejemplo, el Acuerdo de Paz con la antigua guerrilla de las FARC. Puede que en el día a día de la sociedad colombiana losresultados parezcan precarios o modestos, pero de manera global son experiencias que han “madurado” su democracia,  y los hechos lo van demostrando: va hacia arriba mientras la región muestra una tendencia a la baja.

En la experiencia de NIMD en el país, hemos trabajado durante los últimos cuatro años con partidos políticos de todo el arco ideológico, con quienes encontramos una gran receptividad para tratar de manera conjunta estos retos organizacionales y de capacitación. Hemos logrado crear mesas multipartidistas para fomentar la colaboración y el trabajo conjunto por encima de las rivalidades naturales y diferencias políticas. Nuestro propósito es seguir aportando al fortalecimiento de la democracia del país de la mano de los partidos políticos, el Estado, las organizaciones sociales y la comunidad internacional para traer soluciones innovadoras a los problemas estructurales de la democracia.

¿Cuál es la situación en esta materia en España?

F.G. En España, los partidos políticos deben tomar mayor conciencia de sus necesidades y retos organizativos, porque sin el fortalecimiento de sus propias estructuras no van a poder cumplir con sus finalidades institucionales. Entre estas destaca, por su importancia, la de construir puentes entre el Estado y la ciudadanía y, así, avanzar en el proceso de construcción democrática. No se trata solo de que vuelvan su mirada hacia los proyectos de interés-país y abandonen la práctica de la política como un mero juego mediático o de entretenimiento; se trata, además, de que miren hacia las entrañas de sus propias organizaciones.

Vivimos en una sociedad que solo concede importancia a todo aquello que sea inaugurar, “modernizar”, empezar de nuevo. Esto, cambio, se trata de mejorar lo existente, no entrar en el absurdo de “hacer para deshacer”; se trata de aprender a identificar bien los retos, definir sus componentes elementales, designar los actores adecuados, traducir los objetivos, articular una ejecución continuada y vigilar el posterior mantenimiento y mejora del logro alcanzado.

No es casualidad que un país como Nueva Zelanda esté entre los primeros de la lista de países con menores niveles de corrupción: su apuesta por la mejora continua y pensamiento sistémico les guía en su trabajo diario. Si bien las cuestiones organizativas son, a primera vista, poco atractivas o, si se me permite la expresión, son asuntos con escaso sex appeal, son también necesarias, y cada vez más apremiantes, además de que quienes las aplican pueden palpar los resultados positivos.

El creciente distanciamiento ciudadano lo pone así cada día más de manifiesto: es imprescindible que los partidos aprendan a adaptarse a los complejos cambios y retos de la época que vivimos. No pueden continuar de espaldas a una revolución organizativa, social, tecnológica, que ha cambiado las reglas del juego…para todos menos, al parecer, para ellos.

El territorio de la Transparencia 360º está llamando a sus puertas, y es la propia supervivencia de los partidos lo que está en juego, pues si no aprenden a adaptarse y transformarse en tanto que organizaciones, se convertirán en los dinosaurios del siglo XXI.


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