Johan Mendoza Torres23 marzo, 20194min98
Solicitamos pensar más allá de ponernos a pensar, para que los brazos se mantengan en alto y fieles a un motivo que vivió en alguna oportunidad ese momento de verdad.

Se solicita de jóvenes dóciles, para que una sociedad perezca en la empalagosa intención.

Se solicita que la juventud en estado salvaje, sublime sus deseos rebeldes en la mejor serie del mundo que logra explicar en 13 temporadas cómo es que es la cosa.

Se solicita que se confunda irreverencia con irrespeto para que no haya acuerdo ni para saber qué comemos.

Se solicita el talento intelectual, como el más lindo de los adornos, para que de paso, se convierta en el más indolente de los escondites.

Se solicita que el biocentrismo concentre la fuerza suficiente (como la que tuvo el antropocentrismo y el racionalismo) para ser la doctrina que nuevamente deshumanice a la persona.

Se solicita que la política sea degradada a la gerencia, al trino de aves que cantan, pero que no se escuchan para que así muchos vivan convencidos de que su opinión jamás ha hecho el amor con la barbarie.

Se solicita que los docentes frustrados, sigan vomitando represión en sus estudiantes, para que un discurso desideologizado se convierta en el título de sus obras de teatro.

Se solicita que el mito sea nuevamente la explicación del origen, para que el mito de la razón deje, aunque sea por dos o tres instantes de ser el mito que da la explicación al origen.

Se solicita decantar el existencialismo y encontrarlo sesgadamente reciclado por la ética neoliberal.

Se solicita ser un Bolsonaro o un Almagro, para convenir la destrucción del americanismo y celebrar en la cueva de los vasallos con música de conciencia limpia.

Se solicita no pensar más allá del mecanicismo, para que la distopía se convierta en el santo a que todos le rezan, mientras ven cercana la invasión extraterrestre, pero ven lejana la probabilidad de enamorarse.

Se solicita seguir apoyando la paz, mientras vemos como ellos hacen su guerra y tenemos que perderla.

Se solicita que la corrupción sea considerada como ese vestido misterioso y ambiguo talla única que le queda a todos, para que mil y un seguidores, convenzan a Colombia de que ese es supuestamente el problema.

Se solicitan muchas cosas para que todo pretenda ser cambiado, pero se le dificulte el cambio. La identidad avanza repartiendo promesas a la par que adoctrina la afirmación de ser y se niega rotundamente a desactivar, aunque sea por un instante la maña de afirmarse y afirmarse, tan solo para ver qué podría decirle el otro.

Y aun así, ante tantas solicitudes del establecimiento y su amuleto (la sociedad de mercado), en medio de tanto ruido, de tanto argumento y título convalidado, en medio del cacareo más aplaudido, cientos y cientos de personas, por nuestros muertos no bajamos los brazos porque como decía Benjamin, tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.

Por eso seguimos gritando calladamente y dispuestos a negar cada solicitud, para contemplar la nuestra. Solicitamos pensar más allá de ponernos a pensar, para que los brazos se mantengan en alto y fieles a un motivo que vivió en alguna oportunidad ese momento de verdad.


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