Movilización estudiantil, una oportunidad pacífica para el cambio

Damaris Paola Rozo16 octubre, 201818min5590
Las luchas estudiantiles tienen una historia llena de violencia y represiones, por lo tanto, el carácter pacífico de las nuevas movilizaciones no son un simple “cliché moderno”, pues eso reduce el valor histórico, político y social que estas tienen. Además de que se demuestra la falta de conciencia histórica nacional e internacional respecto a las movilizaciones actuales.

En Colombia la educación superior es un tema preocupante, que implica retos y demanda transformaciones profundas para no colapsar definitivamente. Antes de una pauperización mayor de la educación, miles de estudiantes tanto de universidades públicas como de privadas se han convocado para exigir mejoras y apoyo a las universidades.

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Pero ¿Por qué la movilización estudiantil del 10 de octubre en Colombia fue un éxito? Y ¿por qué la elección social de movilizarse pacíficamente es una alternativa respetable y consciente de los procesos históricos nacionales e internacionales?

Para algunos colombianos las movilizaciones se han convertido en procesos irrelevantes y poco significativos para el país. Para otra parte de la población parece que las movilizaciones de la sociedad civil tienen sentido, pero la manera en cómo se llevan a cabo actualmente es “limitada” e “insuficiente”. Pues al parecer una movilización que no genere cambios profundos a la estructura inequitativa de Colombia y que no sea violenta de base es un fracaso. Sin embargo ¿esa posición no plantea un olvido y una negación de la historia violenta de Colombia y del mundo?

De acuerdo con el profesor Mauricio Archila, en Colombia las protestas estudiantiles se han desarrollado desde el periodo colonial. No obstante, estas se vuelven masivas a inicios del siglo XX. En los años veinte de ese siglo aparece el estudiantado como actor social diferenciado, ya que el sistema educativo era estrecho y la población alfabetizada solo estaba entre el 17% y el 33%. Cabe añadir que para fines de los años veinte solo existían diez universidades en Colombia, de las cuales tres eran universidades privadas.

En este escenario y con influencia de los movimientos estudiantiles de Córdoba, Argentina, en Colombia se crea el Movimiento Estudiantil liderado por la Federación de Estudiantes en 1922. En los Congresos estudiantiles de Medellín, Bogotá, Ibagué y Santa Marta se estableció que los estudiantes debían estar a cargo de la reforma educativa. Esta reforma consistía en la defensa del poder estudiantil para elegir a sus profesores y a los directivos de las universidades públicas, mejorar las cátedras y tener asistencia libre a ellas, a partir de la creación de consejos estudiantiles independientes y autónomos.

Desde esta perspectiva es relevante considerar dos elementos fundamentales: el bipartidismo y la hegemonía conservadora.  Esta hegemonía implantó que los estudiantes que no fueran a misa estarían desafiando el orden vigente, por lo que el castigo debía ser ejemplar. En esta lógica fue razonable que la postura estudiantil fuese más que nada beligerante. Por ello, en el Congreso de Ibagué se declaró el “derecho sagrado a la insurrección” y se comenzó a asociar al movimiento estudiantil con el bando liberal y con el naciente socialismo. En estas movilizaciones, basadas en un espíritu violento como única salida, fue el asesinato del líder estudiantil de la Universidad Nacional: Gonzalo Bravo Pérez.

En los años treinta hubo un proceso de cooptación, por parte del partido liberal, del movimiento estudiantil. Con el ascenso de los liberales y una coyuntura global compleja –depresión económica y procesos de industrialización por sustitución de importaciones- la modernización económica, educativa, política y cultural tomó fuerza. Este contexto dio menos visibilidad a la Federación Estudiantil y permitió que algunos líderes estudiantiles fueran parte del gabinete en la primera presidencia de Alfonso López Pumarejo.

Desde entonces, se trabajó por la reforma educativa, en la que se buscaba impulsar una educación más laica y técnica que reforzara la autonomía de las universidades. Dichos cambios se materializaron en la Ley 68 de la Universidad Nacional (1935). Además, se reorganizó la Universidad Nacional por Facultades y se crearon instancias colegiadas de estudiantes.

Por esta época se llevaron a cabo las protestas de los estudiantes de primaria y secundaria, dado que no había una preparación estudiantil para ingresar a las universidades. Para 1938 esta protesta estudiantil fue apoyada por universitarios y dio lugar a un proceso de negociación con el gobierno. Con una concertación entre estudiantes y liberales se lograron cambios educativos en favor de la mejora de la educación para estudios básicos y bachilleres.

Aunque no se deja de lado que los conservadores promovieron hechos violentos en contra de ciertas decisiones y que esto influenció la lucha estudiantil en gran medida: la designación del socialista Gerardo Molina como rector de la Universidad Nacional y la promoción de voces que pedían la cabeza de algunos gobernantes liberales que eran corruptos. Esto alimentaría las bases de la Violencia en Colombia.

En el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la Guerra Fría en Colombia se agudizó la tensión entre los partidos Liberal y Conservador. El asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948 fue el detonante del levantamiento popular denominado como El Bogotazo. Para el profesor Archila, en el levantamiento participaron espontáneamente los estudiantes. Sin embargo, el clima político hizo que muchos intelectuales liberales y de izquierda se exiliaran para salvar sus vidas de las amenazas. En este panorama, el movimiento estudiantil saluda el golpe militar de Rojas Pinilla.

Para 1954, en la conmemoración de los 25 años de asesinato del estudiante Gonzalo Bravo, fue asesinado el estudiante de medicina de la Universidad Nacional Uriel Gutiérrez por agentes estatales. De acuerdo al estudio del profesor Ruiz, al siguiente día de su asesinato los estudiantes realizaron una marcha fúnebre. Cuando llegaron a la Plaza de Bolívar los estudiantes fueron atacados con bala por el contingente del Batallón Colombia. Diez estudiantes fueron asesinados, entre ellos había un estudiante peruano.

Este lamentable hecho violento fue un punto de inflexión para los estudiantes y produjo un alejamiento y enemistad contra el régimen militar. En mayo de 1957 los estudiantes se abanderaron de las jornadas que obligaron a Rojas Pinilla a entregar el poder.

Es relevante resaltar que el movimiento estudiantil en el país estaba inscrito en el Bipartidismo. Por lo que la Federación Universitaria Colombiana (FUC) estaba bajo el mando conservador y ya Federación de Estudiantes Colombianos era de dirigencia liberal y de izquierda.

El movimiento estudiantil colombiano se radicaliza en los años cincuenta de la mano con las movilizaciones globales. Con la consolidación del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este, la Revolución China, la Revolución Cubana, la descolonización del “Tercer Mundo”, las guerras de Liberación Nacional en Argelia y Vietnam y la aparición de movimientos civiles y pacifistas con inclinación a la izquierda facilitaron la emergencia de una Nueva Izquierda al margen de partidos comunistas y socialistas.

Sumado a esto, en mayo de 1968 se produce la revuelta estudiantil global más relevante del mundo para las movilizaciones estudiantiles. Este contexto global influencia a América Latina, en la que aparecen nuevas izquierdas armadas.

Para el caso colombiano, el impacto de estos procesos globales y continentales se dio en pleno proceso de negociación entre liberales y Conservadores: El Frente Nacional (1958-1974). Proceso en el que se excluyeron a los partidos de izquierda, lo que, para Archila, reafirmó la oligarquía en el país y fortaleció la desigualdad social. Estos procesos fomentaron la radicalización el pensamiento crítico de las juventudes en las universidades de Colombia.

En este escenario las universidades públicas fueron las más perjudicadas, puesto que hubo una profunda crisis financiera y un deterioro en la enseñanza, en sus plantas físicas y de docentes calificados. Por su lado, para el profesor Le Bot, las privadas crecieron significativamente, dado que pasó de albergar al 27% de la población estudiantil al 45% para 1970.

Hacia 1971 el movimiento estudiantil languidece por fuertes represiones y tensiones internas –posición reformista vs posición revolucionaria-. La radicalización estudiantil fragmentó considerablemente sus luchas y aisló a los universitarios de la sociedad que buscaban transformar. De acuerdo con Archila, los líderes estudiantiles se adhirieron a ciertas organizaciones de izquierda para la lucha que tenían: la JUCO (Juventud Comunista), la JUPA (Juventud Patriótica, del MOIR), el FES o CES (Frente y Centro de Estudios Sociales) de tendencia maoísta, y los sectores socialistas que se acercaban al trotskismo.

En este sentido, los avances estudiantiles se nublaron y las armas tomaron un papel fundamental en la defensa de sus derechos. Es en este marco es que la izquierda se funde con las reivindicaciones de los estudiantes, lo que marchita las ganancias estudiantiles obtenidas años antes.

En los 90’s con la caída de la URSS, el inicio de la hegemonía estadounidense, el ascenso de las democracias y las caídas de las dictaduras en América Latina, el movimiento estudiantil empezó a construirse bajo otras bases. Hacia 2011, con el proyecto de Reforma de la Ley 30, se dio un nuevo encuentro en la Universidad Nacional que creó La Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE).

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La ley era tan lesiva que se articularon universidades públicas y privadas y los institutos tecnológicos y técnicos para echarla abajo pronto. Al tener en cuenta la historia de los movimientos estudiantiles, este nuevo movimiento se fundamentó en convocar varios sectores de la sociedad civil incluyendo estudiantes de secundaria, profesores, padres de familia, egresados y ciudadanía.

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Imagen tomada de internet

Adicionalmente, se comenzaron a elaborar eventos y protestas simbólicas como iniciativas claves para generar impacto en el proceso de toma de decisiones educativas en el país. Estas iniciativas tuvieron como resultado el retiro del proyecto por parte del gobierno. Es clave resaltar que esta renovación del movimiento estudiantil en Colombia también generó una renovación del repertorio de protesta con acciones lúdicas, combinación de acciones institucionales y no institucionales, participación de instituciones públicas y privadas, convergencia de distintas corrientes políticas y estudiantiles, participación de profesores y de una gran parte de la sociedad civil.

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Teniendo en cuenta los procesos históricos de los movimientos estudiantiles en Colombia y la crisis educativa en el país, actualmente se está conformando un nuevo movimiento estudiantil, la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles (ACREES).

Esta asociación tuvo la primera gran movilización el 10 de octubre, la cual está estrechamente ligada a los aprendizajes nacionales e internacionales. Es por esto que su fundamento es el pacifismo y la búsqueda por el cambio en la educación por medio de proceso de concertación con el gobierno.

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Imagen tomada de internet

Esta movilización no solo unió a las universidades públicas y a las privadas en la defensa de la educación y la lucha por una financiación pertinente y apropiada de las universidades públicas, sino que movilizó a profesores y otros sectores de la sociedad civil que están viviendo de forma indirecta o directa la precarización de la educación superior. Con el trabajo de meses de ACREES y su liderazgo, la movilización estudiantil fue masiva a nivel nacional y tuvo como resultado plazas llenas en: Bogotá, Medellín, Ibagué, Tunja, Cali, entre otros.

El impacto inmediato fue el alza de la financiación de la educación en 500 mil millones, que, aunque insuficiente, fue el primer paso de las luchas y movilizaciones en pro de las reivindicaciones estudiantiles.

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En resumen, aquellos que exigen una revolución como resultado de las movilizaciones estudiantiles actuales están cayendo en la invisibilización de una historia violenta y de las fuertes represiones históricas que han vivido los estudiantes por defender sus derechos. Ahora lo que se quiere es llegar a un acuerdo con el gobierno, no ir a la lucha y al enfrentamiento.

Es por ello que las protestas son pacíficas y las movilizaciones hacen un llamado a toda la sociedad civil. No se puede hablar entonces de las nuevas movilizaciones estudiantiles en Colombia como un simple “cliché moderno”, pues eso reduce el valor histórico, político y social que estas tienen. Además de que se demuestra la falta de conciencia histórica nacional e internacional respecto a las movilizaciones actuales.

¡Los estudiantes seguiremos en pie de lucha pacífica y simbólica para incidir y cambiar aquel camino que nos ha llevado a la crisis educativa de hoy! 

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