Administrador La Pipa22 abril, 20194min103
Lo que hay de fondo en Sri Lanka es una disputa por el control de los fieles, pareciera que la época de las cruzadas sigue vigente. Al controlar el discurso religioso se controla el país, la economía y, ni más ni menos, se ostenta el poder

“La isla de los mil nombres”, alguna vez nombrada Ceilán y hoy conocida en todo el mundo (debido a los recientes actos terroristas) como Sri Lanka, queda al sur de la India. Su historia es antigua y sigue siendo un territorio de disputas religiosas. Sus pobladores, 21.5 millones en el 2017, se mueven entre el budismo, hinduismo, cristianismo e islam, en ese orden de prioridades.

Al ser un territorio pugnado por las potencias de turno, y debido a su ubicación estratégica como fortín marítimo, Sri Lanka es un producto hibrido de las tensiones ideológicas y religiosas. Bien es sabido que cada imperio inocula sus visiones en los territorios invadidos, sin respetar sus tradiciones o el pensar de sus habitantes. Los resultados son mezclas peligrosas, prestas a engendrar odios raciales, ideológicos y, por supuesto, religiosos. Es la historia de mil lugares del actual planeta tierra.

Al momento de escribir esta nota se informa que los atentados perpetrados el día 21 de abril han dejado un saldo de 290 muertos y cerca de 500 heridos. El objetivo de quienes idearon estos hechos consistía en sembrar terror en iglesias y hoteles, justo en una época en que son los espacios más concurridos debido a las vacaciones y los rituales de adoración que se dan en el marco de la denominada Semana Santa.

Lo que hay de fondo en Sri Lanka es una disputa por el control de los fieles, pareciera que la época de las cruzadas sigue vigente. Al controlar el discurso religioso se controla el país, la economía y, ni más ni menos, se ostenta el poder.

Matar a fieles y turistas el “Domingo de Resurrección” es un hecho real con unas consecuencias simbólicas devastadoras. Vivimos a finales de la segunda década del siglo XXI, pero en Sri Lanka, y en muchos otros lugares del planeta, seguimos peleando las guerras de la antigüedad.

Al parecer grupos radicales musulmanes están detrás de los hechos, lo cual es un indicador de que las querellas religiosas siguen vigentes, continuamos atrapados en un mundo de orates y fanáticos. No solo por culpa de los musulmanes, no más basta ver cómo los cristianos de EE.UU, sin ningún reparo bombardean Siria, mientras asisten a sus templos a escuchar discursos de bondad y santidad.

Sin ir muy lejos, en Colombia cada día los pastores y curas usan sus púlpitos llamando a construir un mundo de odios contra los diferentes, mientras citan los supuestos evangelios del amor. Estamos atrapados en un tiempo que conjuga el advenimiento del futuro con sus grandes avances tecnológicos, pero muchos continúan aferrados al oscurantismo de los relatos religiosos.

Los atentados de Sri Lanka demuestran que la ciencia está en la era de la inteligencia artificial, pero la mayoría de humanos siguen atrapados en la edad de las invenciones religiosas. No es posible que sigan matando en nombre de los inexistentes dioses, esos mismos que hemos creado para justificar nuestras atrocidades, no en vano dice la canción: “Mata que Dios perdona”.


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