La ciudad de la furia, el desespero y la angustia

Carlos Gamboa27 febrero, 20196min272
Ibagué-de-noche-halloween
¿Qué está pasando en Ibagué?, se preguntan los ciudadanos, los medios amarillistas, los medios serios, algunos políticos, las instituciones y los académicos. Suicidios, riñas, atracos, agresiones a mujeres, robos y demás actos vandálicos agobian un territorio que muchos añoran como un pueblo pacífico.

“Las ciudades son un miserable recinto donde se
contienen todas las humanas derrotas”
Valerio Máximo

“En sus caras veo el temor
Ya no hay fábulas en la ciudad de la furia”
Soda Estéreo

 

En el barrio Alaska fue capturado Luis Fernando Loaiza acusado de abusar sexualmente de su hija. Diego Mauricio Mora fue apresado en el centro de la ciudad señalado de atacar con arma banca a otro hombre. Luis Alberto Parra, de profesión taxista, decidió quitarse la vida en su casa del barrio el Jordán, debido a una depresión causada, según afirman sus allegados, por problemas sentimentales. Una riña ocurrida en el barrio Álamos, en la comuna Siete de Ibagué, terminó en tragedia para Aderlín Navarro, en medio de la pelea el joven perdió la vida, su agresor le clavó un destornillador en el tórax. Una niña de 16 años, Rosmery Castellón Echeverry, fue vilmente asesinada el día anterior en la Hacienda Cauchitos jurisdicción de la vereda Aparco, zona de Picaleña. Al parecer fue violada.

A estos sucesos recientes (últimas 48 horas), se suman el suicidio de una madre quien desesperada decidió saltar al vacío de la inexistencia, llevando en sus brazos a su hijo de 10 años. La noticia le dio la vuelta al mundo. Las del párrafo anterior le darán la vuelta al barrio, a la esquina y luego el bullicio del día a día reemplazará cada una de estas tragedias hasta que otra tragedia peor la supla en el caótico mundo cotidiano de la ciudad.

¿Qué está pasando en Ibagué?, se preguntan los ciudadanos, los medios amarillistas, los medios serios, algunos políticos, las instituciones y los académicos. Suicidios, riñas, atracos, agresiones a mujeres, robos y demás actos vandálicos agobian un territorio que muchos añoran como un pueblo pacífico. El territorio crece, la ciudad se hace cada vez más ciudad y trae consigo los males de las metrópolis intermedias.

Esto no se soluciona echándole la culpa al alcalde o invocando a infructuosas cadenas de oraciones, con rancios discursos de espíritus que agobian a los vivos. La ciudad no está maldita, como dicen algunas matronas en las esquinas, la ciudad está haciéndose más ciudad.

Carlos Monsiváis, dijo alguna vez que:

“Cada ciudad con 800 mil o un millón de habitantes, genera su propia zona prescindible, compuesta por esa gente sin oficio ni beneficio, en el filo de la navaja entre la sobrevivencia y el delito”.

El síntoma de que un pueblo se hace ciudad no solo se da en la presencia física de edificaciones, grandes malls o variadas construcciones, se da también en la confluencia de nuevas formas urbanas de padecer y habitar el mundo.

No quiero decir, con lo anterior, que debamos resignarnos a tener una ciudad furibunda, porque la ciudad la hacen, también, quienes la habitan. En ese sentido, es la cultura o la construcción cultural colectiva, la que le puede permitir a una ciudad mejorar los indicadores de bienestar de sus habitantes.

No es estableciendo mayores dispositivos de control que una ciudad se hace más segura, es educando al ciudadano para hacer y habitar la ciudad; es, también, dotándola de equipamientos para el bien-estar de sus habitantes.

Necesitamos más parques, lugares para el ocio, espacios para la cultura, centros de apoyo, zonas verdes, cinemas al aire, espacios deportivos, campañas de formación, opciones espaciales para el excluido, música, medios de comunicación formativos (no especulativos y amarillistas), universidades estudiando los fenómenos y proponiendo políticas públicas… necesitamos un aprestamiento para la ciudad del siglo XXI y sus sujetos.

Ibagué, el apacible terruño de antaño es apenas un recuerdo vívido, hoy tenemos una ciudad, que como muchos llamamos jocosamente, se puede nombrar Ibahell. Debemos aceptar que cambió, los gobernantes deben aprestarse para administrar una urbe, no un pueblito; la sociedad debe seguir intentando transformar el deliro del mundo moderno, que no solo provoca furia, desespero y angustia en nuestras aceras, sino en todas las esquinas del mundo.


Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente Universidad del Tolima


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