Oscar Javier Ayala Serrano13 junio, 20194min120
Es más fácil conservar a un ciudadano sin voz pública, infante; o infantil, inmaduro; que ilustrado, agente de sus propias decisiones y transformaciones. ¿Llegaremos a la mayoría de edad en esta sociedad colombiana?

Ambientes distópicos: Infantil

¿Quieren pensar en los niños? Ésta parece ser la pregunta que guía los pronunciamientos y opiniones de este país de rostros sagrados. Ante la sospecha moral de que algo vaya a menoscabar la integridad de la (in)formación de los infantes, las alertas que claman por un “cuidado” integral se activan y gritan a rabiar que lo primero que hay que proteger, es la integridad (¿moral?) de estos pequeños ciudadanos.

Ya estamos rasgando vestiduras para que el despreciable acoso sexual a los menores sea castigado con penas perpetuas; ya estamos promoviendo marchas contra decisiones constitucionales para que los niños no vean en su esparcimiento público el consumo (¿execrable?) de alcohol y psicotrópicos. Pero, realmente, ¿estaremos defendiendo a los infantes con estas acciones?

La infancia es un concepto más o menos reciente. Durante buena parte de la historia de pueblos y comunidades, los niños sólo servían como apoyo familiar, sí de pura suerte o milagro, superaban el rango de edad que iba desde los 0 años hasta los 7 años o más. La atención adulta a los niños se fue consolidando poco a poco hasta convertirse en uno de los puntos de interés relevantes para la formación de una persona (y de un ciudadano, por supuesto).

Políticas públicas como de Cero a Siempre son reflejo del interés por atender este segmento ciudadanos, pero sus esfuerzos no son suficientes: la desnutrición y muerte, por ejemplo, de niños en la Guajira, muestran las asimetrías con las que se piensa: los dineros de estos programas se dilapidan entre algunos de los encargados del bienestar de estas personas.

Una inferencia que se puede colegir de estas opiniones y comentarios es que nuestra sociedad se encuentra, aún, en un momento inicial de su formación, es decir, que somos unos infantes. Eso, por no decir que estamos siendo infantiles o que nos están infantilizando.

La sociedad de este país considera fuertemente que su direccionamiento sólo es posible con una figura de autoridad paternal, patriarcal, hacendada. Y para que esto ocurra, es quizás necesario que los seguidores de este particular modelo de direccionamiento, se muestren obedientes a esa voz fuerte que indica, dicta, lo pensamientos e ideas con las cuales podemos ordenar nuestros asuntos: “hay que aplazar el gustico”, “¿Quién protege (los derechos) de los niños?”.

Mucho me temo que las voces que piden respetar unos derechos, lo hacen para menoscabar otros; como lo hemos visto en otras campañas que se han levantado anteriormente para influir en las decisiones de los electores. Así se nos presentaban las consecuencias de la implementación de modelos políticos y económicos de otros países como la “gran hecatombe” si estas llegaban a este país, el tan mentado “castrochavismo”, que ya ni suena ni truena, por ejemplo, o que al hablarse de derechos reproductivos era la amenaza para modificar los géneros de la costumbre, como se intenta tergiversar los emancipadores estudios de género.

Es más fácil conservar a un ciudadano sin voz pública, infante; o infantil, inmaduro; que ilustrado, agente de sus propias decisiones y transformaciones. ¿Llegaremos a la mayoría de edad en esta sociedad colombiana?


#LaPipaPeople

Nos interesan todas las historias, aunque tenemos gran interés por aportar a la reconciliación en el posconflicto.

Anuncie con nosotros y ponga a volar su negocio.


lapipatolima@gmail.com




Historias a domicilio

[contact-form-7 404 "Not Found"]