Hipérboles y Metáforas

Johan Mendoza Torres17 mayo, 20197min77
Ordoñez y Holmes aún deliran en la plaza de toros del oficio público dado a dedo, con rabia y placer ante la frase de Augusto Pinochet: “el marxismo es como un fantasma, cuesta mucho tomarlo, mejor dicho, no se puede tomar”

500 vasos de agua también matan /// Las hipérboles de Martha Lucía también son aire para la violencia fatigada.

Ordoñez y Holmes aún deliran en la plaza de toros del oficio público dado a dedo, con rabia y placer ante la frase de Augusto Pinochet: “el marxismo es como un fantasma, cuesta mucho tomarlo, mejor dicho, no se puede tomar”

La indignación del exfiscal pesa tanto como el plumón de un ave sin vuelo. La indignación es otra cosa, es pesada como una traición, ¡sí, pesa! Duele, duele como cianuro en la boca de un familiar que murió inocente, aterra como la renuncia del director de Medicina Legal, decepciona como quien atrapa al sicario e ignora al autor intelectual.

La gobernación del Cauca decía a comienzos de 2019 que no hay normas que obliguen a los líderes sociales a denominarse defensores de derechos humanos, aludiendo que eso es lo que impide cuidarlos /// La sangre dura una eternidad de agua y jabón en ser borrada del suelo. La tierra, es demasiado fértil para quedar embarazada de tan ínfimas gotas de sangre.

La gobernación de la Guajira, cuando se dio un atentado contra un líder social a principios de 2019, decía que, la moto en la que iban los sicarios, simplemente se había acercado al líder social, pero nunca había habido disparos /// Esos disparos se morían por penetrar el cuerpo y derrumbar el alma.

Decía María Isabel Rueda que el Estado no ha logrado darles una protección integral a las comunidades, pero que tampoco se les puede dejar esa responsabilidad a ellas solas y sus guardias /// Nos recuerda Isabel que el principio de autoridad, calza más que el principio de autodeterminación, y que si el Estado no otorga la libertad, ¡¡pues que las comunidades hagan la fila y que esperen!! ¿acaso es este un Estado garantista? No si no si no si no si no si no, ¡paguen impuestos, pero abajo el Estado! ¡Que viva el libre mercado, pero que nadie quede fuera de la autoridad del Estado!… a los muertos no se les puede matar dos veces, y desde la tinieblas, miles saben que es lo que la objetividad esconde.

En una fila más extensa que 600 líderes sociales asesinados, Rueda sugiere que las comunidades esperen, así como el anciano de Kafka, pero que no se atrevan a perseguir por dignidad la libertad.

Gritan los periodistas de la derecha: ¡¡¡esperen a que la libertad sea dada, pero nunca buscada, porque de pronto así se descubre que detrás de la autoridad marchita, se halla la dignidad maldita!!!

Escribía Salud Hernández a Carlos Castaño, en una melosa epístola, como si se tratara de la epístola de un falangista a paramilitar: “apreciado comandante, comprendo su precisión y así lo haré” Precisión que consistía en suavizar la respuesta (y no la pregunta) sobre cómo financiar paramilitares sin narcotráfico. /// Para un falangista el apreciado comandante nunca será rata, sino aquel que vela por el orden y la patria. No importa si la patria es la idea del orden que tienen en su minúsculo orbe aquellos que solo masacran con las palabras; no importa si bajo la profesión que se ufana de esa objetividad que nunca alcanza, se esconde el mausoleo del trinomio Hitler-Mussolini-Franco… pero ¡qué más da!… No importa, porque igual digamos la mierda que queramos, a ella le da igual.

Mataron en medio de fúnebre forcejeo, torturaron en legítima defensa; el ministro no esperó ni ciento treinta vidas para rescatar su parte de la historia. /// El bebé era más inocente que todos los micro sueños del ministro.

Matar a quien acuerda un tratado de paz, convierte el tratado en papel mojado. Pero “no es tan grave como piensan los mismos de siempre”, dicen siempre los mismos. Por eso el problema es (cual medida uribista) cómo aumentar la seguridad y nunca cómo disminuir el miedo que padece el terrateniente, ante tantas pesadillas en las que todos los vencidos, olvidados, inocentes, contradictores, que yacen en el abismo de su tierra fértil, regresan incansablemente, derrotados pero no agotados para escupirles un poema sin prosa, en una madrugadita de leche recién ordeñada ¡una y otra vez, en cada generación, en cada clase social, por los siglos de los siglos!

Son los vencidos y olvidados, los que nos recuerdan que la lucha por la paz no es una lucha por las generaciones futuras, esa ya no es carreta sino carruaje, esa es la paz de aquellos que se van al balcón a ver ballenas mientras limpian el reguero del primer piso; la paz de los esnobistas que aplauden a los del balcón llenos de mierda hasta las canillas.

Son ellos, vencidos y olvidados, los que nos recuerdan que las convicciones no se gestan en un presente egocéntrico, sino que las convicciones se recuerdan, son la transferencia de un pasado que emerge, para pesar de los vencedores, ensangrentado como recién nacido, fresco como una lechuga, imparable como la vida misma ¡insolente como un mosquito!


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