Johan Mendoza Torres30 mayo, 20197min692
Un saludo a Fernando Londoño, que ha logrado hacer trizas el acuerdo. Hay que reconocer que prometió y cumplió, es un digno enemigo de la paz y eso lo sabían sus seguidores, quienes agazapados en los clubes esperaron que esto ocurriera, con la total certeza de que las bombas jamás caerán en sus lindas alamedas.  

Tal parece que nos hundiremos… nos hundiremos íntegros en el abismo de una guerra en la que todos perderemos, ¡¡de eso nos encargaremos infelizmente así sea con un grito al vacío!! para que no sea justo la fiesta en la ciudad versus la paz de los sepulcros en los campos.

Amargos y vencedores quienes advertimos lo que causaría el regreso del uribismo. Por ahora no hay nada más que hacer, tan solo respetar la majestuosidad de las alas de este duro enemigo, que aunque bastante inteligente, su peso no lo dejará volar jamás a esos jardines colgantes ubicados lejos del infierno donde tendrán que argumentar en derecho.

Un saludo a Fernando Londoño, que ha logrado hacer trizas el acuerdo. Hay que reconocer que prometió y cumplió, es un digno enemigo de la paz y eso lo sabían sus seguidores, quienes agazapados en los clubes esperaron que esto ocurriera, con la total certeza de que las bombas jamás caerán en sus lindas alamedas.

Ahora que en un soplo indefinido la violencia se prepara para no fatigarse ni en la altura ni a nivel del mar, los que hicieron trizas la paz, se pondrán el traje de jueces contra todo lo que diga “violencia” ¡y parecerán pacíficos ellos! ¡y parecemos violentos los otros! paradoja infinita que no se cansa de violarnos en medio de todos sus educados aplausos embrujados.

Qué extraña música la que produce Colombia, pues nos puso a bailar en medio de nuestros sollozos.

Los periodistas de la derecha, que gritaban con retórica lo mismo que los orangutanes en las selvas de cemento, hoy respiran ese aire cargado de horror y blasfemia, sin importarles literalmente una pepa de comino.

Periodistas de la derecha, enamorados trillados de la opinión que otorga la libertad tiránica, esa que ofrece derechos de expresión al que masacra con palabras, al idiota que no sabe de lo que habla, así como al que clama por un pañuelo para secar las lágrimas de los velorios que se aproximan.

¡¡Libertad tiránica!! ¡¡Eres la dulce condena de nuestra democracia totalitaria, alivio de cobardes detrás del Twitter, masaje para nuestros cuerpos cansados de tanto escribir columnas que yacen muertas ante tus pies de oro, plata y bronce!!

Fúnebre paz ¿si sabes que el sol ya no calienta en algunos rincones de la patria y que solo alumbra las almas y los cuerpos que se alistan para la guerra? no me hagas reír fúnebre paz, que yo lo que quiero es llorar hasta decir no más. No me invites a tu carnaval porque no… no estamos para fiesta.

Las locas y adoradas ansias de justicia hoy se autoflagelan para que cesen los disparos de la boca de aquellos que no pondrán jamás una gota de sangre en la que ha sido nuestra receta social y maldita.

Nos privaron de las bellezas de una paz perpetua. Pero el encantador juego de la guerra deja un olor inolvidable. ¡Sagrada y dolorosa punta de lanza que agobia el destino de nuestra patria, que desangra nuestra matria!

¿matria o patria? qué más da si ambos ya murieron enfrentados sobre el lecho de las carcajadas provenientes de aquellos que sí son capaces de hallar su equivalencia.

Fúnebre paz, ya no me digas más, pues tal parece que las tumbas serán nuestras confidentes nuevamente. Tumbas calladas y lluviosas, olvidadas por los que creen que con las palabras no se mata, recordadas por los que no querían la guerra pero que abandonarán sus cuerpos en nombre de las dignidades.

Fúnebre paz…las excusas y las culpas ya no serán de una persona. Bienvenidos sean ustedes, majestuosos enemigos. Bienvenida sea la guerra, porque incluso a nuestros enemigos les debemos el respeto que se merezcan, porque así lo neguemos, nuestros demonios siempre tienen cama en el hospedaje de nuestras almas.

Fúnebre paz, diles a las generaciones que hoy nacen, perdón… perdón, pero no pudimos.

Eres fúnebre paz, porque los líderes sociales mueren por centenares y tu pretendes que escribamos como si nada, o que hagamos payasadas para elevar un momento emocional degradante. No. La actitud positiva es un cuento del norte para que olvidemos por qué en el sur retornamos una y otra vez al cadalso de nuestras miserias.

Fúnebre paz, quieres que un estado psicológico sea más amplio que la memoria de nuestras vidas, quieres que una sonrisa sintética, valga más que la expresión mortuoria con la que vimos a nuestros hermanos la última vez… eso, jamás te lo permitiremos. No por necios, sino por utópicos dispuestos a morir; utópicos, pero libres de toda tu mentira.

¡Cállate ya fúnebre paz! Déjame hacer un minuto de silencio por todos nuestros muertos, mira que vienen bailando y danzando en el horizonte de la guerra; vienen bajando por las cordilleras colombianas, como los ríos Guaviare, Jambaló y Baudó, ¿si oyes la canción? tiene un coro que termina con una frase muy clara: no seremos olvidados.


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