El huevo de la serpiente

William Medina28 enero, 20194min743
Bajo la delgada membrana de la paz se cuece una nueva oleada de violencia y lo más sintomático de esta situación, es que en una marcha convocada para reclamar a los violentos se generen agresiones entre los manifestantes.

Sin duda un carro bomba es un acto despreciable que demanda el rechazo de toda la sociedad y que pone en entredicho el juicio y las motivaciones (políticas – ideológicas) del Ejército de Liberación Nacional (ELN), si bien adelantaba unos diálogos al fragor de la guerra, no se puede llevar a cabo un crimen tan deplorable.

Pero la reacción del gobierno en cabeza del presidente Iván Duque, resultó ser más o igual de incendiaria que el ataque, y no es que este mal la defensa de la institucionalidad, el problema es que parece ser que hay unas víctimas y muertos más importantes que otros.

Esa vigorosa alocución presidencial se esperaba hace tiempo frente al aumento inquietante de líderes y lideresas sociales asesinados y que pareciera no despertar el interés del gobierno (se acabaron los líos de faldas que parecían justificarlos), este avance de muertes sistemáticas que ven con preocupación organizaciones civiles y de derechos humanos, debería convocar todas las instancias del Estado en la defensa y protección de quienes defienden sus derechos, pero eso aún no ha sucedido.

Por tanto el ataque perpetrado el pasado jueves y la muerte de líderes sociales, nos debe llevar a plantearnos otras posibilidades en la resolución del conflicto, no incentivar otros, más cuando venimos de la culminación de un proceso de paz (que nunca gusto al uribismo) debemos buscar espacios y condiciones de dialogo que permitan salidas a la violencia sin poner más muertes y víctimas, es alta la montaña de cuerpos sin vida que ha dejado esta fatídica guerra y que no se resuelve con el grito de lucha  ¡plomo es lo que hay!

Aunque ya se intentó la frase no era ¡plomo es lo que hay! se disfrazó bajo el nombre de Seguridad Democrática -la cual no acabó con el conflicto lo agudizó-, tanto que durante los 8 años las muertes y víctimas se incrementaron de manera descomunal (como muchas cosas en el gobierno del señor Uribe) al punto que jóvenes de escasos recursos fueron engañados con ofertas de trabajo, dejaron su casa y empacaron con ilusión la búsqueda de mejores condiciones de vida, para al poco tiempo regresar vestidos de camuflado y ser presentados como bajas en conflicto, conocidos como –FALSOS POSITIVOS- fueron las balas de las fuerzas armadas colombianas que quitaron la vida de civiles indefensos, para solo incrementar los números sin importar el dolor, y en ese momento al igual que ahora, las madres lloraron la muerte de sus hijos.

Por el largo suplico vivido es necesario entender que las víctimas de la guerra somos todos, no unos pocos, generaciones enteras han perdido hijos, padres, hermanos, otros hemos visto como el dolor ha consumado la vida de muchos conciudadanos, por esto más allá de los actos y palabras de bravuconería es atinente escapar de este círculo dantesco de muerte, no dejemos que esta serpiente haga eclosión en nombre de la paz.


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