Educar un país requiere decisión e inversión. A propósito de una columna de la Ministra de Educación

Carlos Gamboa12 marzo, 20197min151
Necesitamos un Ministerio que trabaje con celeridad, abriéndole las puertas a las iniciativas de programas que se ofrezcan para responder a problemas concretos, programas de corta duración cuyo fin no sea consolidarse como ejes de titulación, sino que le apuesten a la trasformación social, económica, científica y cultural de las regiones más apartadas.

Por: Carlos Arturo Gamboa B.
Docente IDEAD – UT

 

En una breve columna escrita en la página local de elolfato.com, María Victoria Ángulo, Ministra de Educación Nacional de Colombia, da a conocer las líneas gruesas de las políticas que desde dicha cartera se están gestando. La columna titulada “Un pacto por Colombia, un pacto por la educación”, muestra temas centrales de lo que ella considera el devenir de la educación en todos sus niveles. Me ocuparé de comentar algunas cuestiones, sobre todo lo que tiene que ver con las políticas para la Educación Superior.

En principio, estoy de acuerdo con la coda de su escrito, en donde la ministra dice: “Invito a todos los actores del sector y a la ciudadanía a la construcción de un gran pacto por la educación. Estoy convencida de la necesidad de hacer equipo por la educación, de un diálogo ciudadano amplio…” Creo que una pequeña parte de ese pacto por la educación se firmó en la mesa de negociación de estudiantes, profesores y gobierno finalizando el año 2018, esperamos que se cumpla. Lo demás está por construirse, pero ya hay múltiples esfuerzos que toca recoger.

Ahora bien, dice la Dra. Ángulo que se busca “ampliar las oportunidades de acceso en todos los niveles, mejorar la calidad y reducir brechas”, factores de suma importancia para disminuir las tazas de jóvenes que no pueden ingresar al sistema de formación superior. Las Universidades Públicas realizan grandes esfuerzos por ampliar la cobertura, pero la falta de infraestructura y docentes hacen que el impacto en este indicador no sea significativo.

En el caso de la Universidad del Tolima el aumento de cobertura se ha venido realizando, durante el último año, a través de los programas de la modalidad de Educación a Distancia. De esta manera, nuevos jóvenes y adultos han podido ingresar al sistema; sin embargo, las trabas que ponen el mismo MEN y el Consejo Nacional de Acreditación, hacen penoso el avance.

La demora en la respuesta a la ampliación de cobertura, la rigidez de algunas de las salas de CONACES y la falta de unificación de las políticas regulativas, provocan que la construcción de nuevos programas y la ubicación de programas actuales en otras regiones del país, se dé a ritmos poco alentadores.

Necesitamos un Ministerio que trabaje con celeridad, abriéndole las puertas a las iniciativas de programas que se ofrezcan para responder a problemas concretos de los contextos, programas de corta duración cuyo fin no sea consolidarse como ejes de titulación, sino que le apuesten a la formación de sujetos que ayuden a la trasformación social, económica, científica y cultural de las regiones más apartadas.

En esto también tenemos coincidencias con la ministra quien plantea como prioritario avanzar en el sector rural para garantizar equidad y calidad, no solo entre estudiantes de la básica media, sino también en la educación superior. En ese aspecto la Universidad del Tolima posee una amplia experiencia, desde los programas de Extramuros (en la década del 70), hasta los programas de Educación a Distancia (IDEAD) que ya cumple 37 años de impacto real en las poblaciones más vulnerables, llevando formación superior a regiones apartadas en donde modelos presenciales y centralizados nunca pudieron llegar.

Así mismo, el modelo de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima ha privilegiado la formación de una población que, por desigualdades formativas, fueron excluidos por los mecanismos de admisión de otros modelos, o porque carecieron de soporte económico suficiente para costear sus estudios en las universidades privadas.

Si el gobierno y la ministra como responsables de un pacto por la educación, quieren en verdad poner en funcionamiento planes y proyectos que impacten en la población más vulnerable, fortalecer los programas a distancia es una salida; sin desconocer que las Universidades Públicas en sus modelos de formación presencial requieren una alta inversión.

Infraestructura, convenios de cooperación, flexibilización de los modelos de evaluación de los programas a distancia y virtuales, soporte técnico y, sobre todo, celeridad en la atención a los procesos de aseguramiento de la calidad, permitirán, como la ministra lo pide: “viabilizar el logro de estos objetivos y contribuir a la construcción de una sociedad más equitativa”.

Siendo así, habría un consenso sobre qué debemos hacer, la diferencia radica en el cómo. Desde el Ministerio de Educación Nacional se puede empezar a gestar una política de mayor eficacia, que mire las regiones y no se quede detenida en el diario trajín de la capital, que entienda que para educar de verdad un país se requiere decisión e inversión. Seguro en cada rincón del país encontrará aliados pues muchos llevamos años trabajando en esas iniciativas.


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