Deforestación y su impacto en los emblemáticos Delfines Rosados

Damaris Paola Rozo7 mayo, 201914min150
Después del Acuerdo Paz en Colombia se incrementó exponencialmente la deforestación en el país. Las cifras del Ideam evidencian que entre octubre y diciembre de 2018 se tumbaron aproximadamente 43.000 hectáreas de bosque
Foto tomada por: Fernando Trujillo de la Fundación Omacha

Después del Acuerdo Paz en Colombia se incrementó exponencialmente la deforestación en el país. Las cifras del Ideam evidencian que entre octubre y diciembre de 2018 se tumbaron aproximadamente 43.000 hectáreas de bosque solo en los departamentos de Guaviare (9,8%), Meta (13,1%) y Caquetá (45,9%).

Si bien estos departamentos tienen una alta concentración de deforestación, la Amazonia y parte de la Orinoquía son las regiones más afectadas, ya que persiste la detección temprana por deforestación con el 75%. Dicho porcentaje equivale alarmantemente a un poco más de 200.000 hectáreas de bosque arrasados.

Esto se debe a que, en cierta medida, varios territorios que eran gobernados por las Farc-EP quedaron a la merced de intereses que están concentrados en la expansión de la frontera agrícola, el fortalecimiento de cultivos de coca, la promoción de la ganadería extensiva, la agroindustria, la extracción minera y la provocación de incontrolables incendios forestales para el acceso y nuevo uso de tierras.

Estas prácticas inadecuadas sin una visión sostenible y equilibrada cada vez son más visibles e impactantes, puesto que el agua se agota, hay mayor cantidad de animales en peligro de extinción, las tierras están perdiendo su fertilidad, los cambios ecosistémicos están obligando a animales selváticos a migrar para sobrevivir y el cambio climático se siente fuertemente tanto en zonas rurales como urbanas en Colombia y el mundo.

En este sentido, la tala de nuestros bosques es un problema latente que sin un trato sostenible puede ser caótico, ya que la interdependencia entre la vida animal, vegetal y humana es inevitable. Sin árboles, los ríos no tendrán los nutrientes necesarios y suficientes para la vida acuática. Con la disminución de la vida en los ríos, las plantas y los animales no tendrán sus alimentos. Finalmente, con poca vegetación y fauna, el ser humano no podrá alimentarse ni sobrevivir a la escases.

Sabemos que la Amazonía y la Orinoquia han sido dos de las regiones más afectadas por la deforestación en nuestro territorio. Pero además entendemos que estas dos regiones de Colombia abarcan la mayor diversidad del planeta y son consideradas como uno de los territorios más megadiversos.

Esto se debe a que se han descrito más de 40.000 especies de plantas, cerca de 2.700 especies de peces, 1.200 especies de aves, 427 de mamíferos y 428 de anfibios.

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De acuerdo con el estudio de Fernando Trujillo y María Díazgranados de 2012, la evolución de estas regiones ha sido marcada por trasgresiones marinas y de agua dulce, lo que dio lugar a la compleja estructura hidrológica que hoy caracteriza a la Amazonia y a la Orinoquia. Es por ello que hace más de 50 años unos científicos reportaron, a partir de la composición química y de color del agua, la existencia de diversos tipos de ríos en estas regiones colombianas.

Se habla en particular de tres tipos de ríos: los de color lechosos con riqueza en nutrientes, los de color oscuro con ph ácidos y pobres en nutrientes y los de aguas claras o con coloraciones rojizas pobres en nutrientes que no albergan muchas especies acuáticas.

Los ríos que nacen de los Andes son de color lechoso y los encontramos en gran parte del territorio del Amazonas, Meta, Guaviare, Caquetá, Putumayo, Mamoré y el Napo. Entre los ríos que nacen de zonas selváticas de color oscuro con gran diversidad de especies, pero con una biomasa baja tenemos el Inírida y el Bita en Colombia. Y de los ríos claros, pobres en nutrientes y con pocas especies de peces, se destacan los que nacen en el Escudo Guayanés, que comprenden algunas pequeñas partes del Amazonas, Guainía, Vaupés, Vichada, Meta y Caquetá.

La presencia de los Delfines Rosados en nuestros ríos de la Orinoquia y de la Amazonia muestra la riqueza en nutrientes de nuestros ríos. Además, los Inia geoffrensis son los delfines de río más grandes, pues su longitud puede alcanzar 1.8 metros y su peso puede ser de hasta 180 kg.

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Los Delfines Rosados se alimentan de peces a partir de la ecolocalización y de la formación de grupo para congregarlos, acorralarlos y devorarlos. Su dieta también tiene tortugas de agua y crustáceos. Es por ello que la complejidad hídrica de los ríos del Amazonas y de la Orinoquia, sus nutrientes y su variedad en peces y animales acuáticos son primordiales para la alimentación y supervivencia de los Delfines Rosados.

Por esta razón, la buena salud de los ecosistemas y de las cuencas hidrográficas en las que estos bufeos o toninas habitan es esencial para su conservación. Sin embargo, hay varias amenazas hacia la supervivencia de los Delfines Rosados, que están estrechamente relacionadas con las amenazas que ponen en riesgo los ecosistemas de la Amazonia y la Orinoquia.

Entre estas amenazas se resaltan la sobrepesca, las interacciones inadecuadas entre pescadores y los delfines, la contaminación de las aguas con hidrocarburos y mercurio utilizados en la minería, el uso del delfín como carnada, los proyectos de infraestructura mal planificados y, particularmente, la deforestación.

Una de las más bellas historias de los indígenas Ticuna nos permite reflexionar respecto al impacto de la deforestación en nuestros bosques. Pues cuenta que existen árboles mágicos de los peces, que se encuentran a las orillas de los ríos. En épocas de lluvias se forman pequeños gusanos sobre las copas de estos árboles, que con los rayos y truenos se asustan y caen al agua transformándose en peces. Dicha comunidad indígena afirma que con la tala de estos árboles se han venido disminuyendo las poblaciones de peces.

Esta historia nos indica que los árboles tienen un valor y un sentido en el planeta tierra y que ese sentido solo puede ser comprensible al reconocer la interconexión entre todos los seres que habitamos en ella.

No obstante, más allá de la conciencia de las comunidades indígenas, no hay una consciencia colectiva humana que dé cuenta de la interconectividad ecosistémica existente. Por lo que la deforestación aumenta aceleradamente y, con ella, se producen trasformaciones del hábitat que afectan la integridad ecológica de las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco.

Uno de los principales impactos ecológicos de la deforestación sobre los ríos en lo que habitan los Delfines Rosados es la disminución de especies exóticas. Esto se debe a que las poblaciones de peces se alimentan de árboles tributarios de aguas negras, los cuales dejan caer sus frutos y alimentan a gran parte de los peces.

Cabe mencionar que una hectárea de bosque inundado puede producir hasta 20 toneladas de semillas a lo largo del año. Estas semillas son consumidas y dispersadas por las poblaciones de peces. Sin este proceso, el ecosistema se fracciona y no puede responder adecuadamente a los seres que en él habitan.

En este sentido, la tala selectiva de especies maderables y su paulatina desaparición genera un proceso en el que se traslada la presión forestal al bosque inundado. Daño que impide que los peces se alimenten y genera que estos disminuyan poblacionalmente. Con esta disminución hay escases de pescado, vital para la subsistencia de los Delfines Rosados. Así mismo, dicha escases impacta negativamente en las comunidades que viven del pescado y se alimentan con ellos.

Con lo anterior, es claro que los seres humanos y sus prácticas comerciales, sociales y culturales son la mayor amenaza para la conservación de los Delfines Rosados. Entre otras cosas porque, según el biólogo marino Fernando Trujillo, estos delfines carecen de auténticos depredadores.

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A pesar de las distintas iniciativas para la conservación de los Delfines Rosados, esta especie de delfín ha sido re-categorizada de una especie vulnerable a una especie en peligro de extinción por la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza a finales de 2018. Esta nueva categoría para los delfines de río hace un llamado que no se puede seguir ignorando en Colombia: no solo los programas de protección a delfines son necesarios para que estos sobrevivan, sino que es relevante generar políticas claras para atenuar la deforestación en la Amazonia, la Orinoquia y en el país.

Teniendo en cuenta la relación entre árboles, frutos, peces, ecosistemas acuáticos, delfines y seres humanos, entendemos que el futuro de los Delfines Rosados o de río está estrechamente relacionado a la conservación de nuestros bosques, pues son hábitats necesarios para su conservación. La deforestación está causando daños irreversibles en todas las regiones de Colombia, pero especialmente en la Amazonia y la Orinoquia.

Si no tomamos las medidas necesarias, este daño extinguirá a una de las especies más emblemáticas de Colombia. Lo que nos hará notar que además de está perdida, arrasamos con nuestros bosques y selvas y, junto a ellas, con la vida en la tierra.

Nuestro Delfines Rosados, nuestras selvas y bosques y nuestra biodiversidad merecen una oportunidad. Solo con el cambio de nuestros hábitos y con la aplicación de proyectos sostenibles de intercambio y comercio podremos transformar el futuro en la tierra.


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