De pequeñas repúblicas a la república pequeña

Johan Mendoza Torres4 abril, 20194min113
La pregunta folclórica no es ¿por qué esa gente emplea las vías de hecho? La pregunta durante el baile de la resistencia es ¿qué está pasando en Colombia para que campesinos, indígenas y estudiantes asuman las vías de hecho como una manifestación política contra el estado de represión en que se encuentran?

La pregunta folclórica no es ¿por qué esa gente emplea las vías de hecho? La pregunta durante el baile de la resistencia es ¿qué está pasando en Colombia para que campesinos, indígenas y estudiantes asuman las vías de hecho como una manifestación política contra el estado de represión en que se encuentran?

Desde el moralismo de esa república personalista de Colombia, imagino que responderían “porque son vagos” “porque son terroristas” “porque piden mucho” entre otras cosas.  Pero desde la necesidad de liberación de nuevas formas de organización social para reclamar lo que siempre se ha negado, simplemente surge una respuesta por fuera de los marcos mediáticos oficiales y es: Colombia necesita un nuevo gobierno.

En Colombia, luego de reagrupar las trizas de la lucha social, las fuerzas sociales están tomando nuevos impulsos, están descolgando viejos trajes que solo estaban sin planchar. Las fuerzas sociales saben que, así como para Álvaro Gómez Hurtado era insostenible la existencia de “pequeñas repúblicas”, tampoco es sostenible que la república sea tan pequeña como para que solo quepan unos pocos.

Si la liberación pasara solo por la comprensión de los limitados cerebros de la clase dominante colombiana, entonces tendríamos que abrazar al institucionalismo, aceptando que primero está la ley, el orden y de último la gente, como lo dijo el ministro de defensa hace poco, intentando no dormirse mientras terminaba la frase.

El desajuste frente a semejante tergiversación del poder político presenta manifestaciones que dejan sentado en una esquina y mirando contra la pared al moralismo del régimen que no hace otra cosa sino hacerse pipí cuando le piden argumentos sobre la justicia más allá de las leyes.

El Cauca y el Valle del Cauca con indígenas, campesinos y con los estudiantes, han demostrado que se viene configurando en Colombia una gran necesidad de entender la libertad de manera multidimensional, y no solo por boca de los que sueñan con dividir departamentos por castas.

“¿qué necesidad puede pasar por las vías de hecho?” “¿qué verdad se oculta tras una capucha?” vociferan espantados los moralistas mientras se limpian las babas con pañuelitos desechables.  La respuesta sencilla parte de sospechar que cuando una necesidad de liberación no cabe por los orificios del institucionalismo, entonces esta debe buscar mecanismos que procuren ampliar las reducidas visiones que tienen los mismos de siempre.

Por tanto, el problema nunca será la capucha, el problema consistirá en saber qué verdad se oculta tras una capucha… pues mientras esta hable y no pretenda ser un fin en sí misma o quien la use salga con bravuconadas individualistas, entonces simplemente es una verdad que quiere hablar… sin que la maten.

Es que es muy berraco, pretender la validez caprichosamente. Pretender validez sin pretender la verdad es jugar el juego estúpido del moralismo inserto en el gobierno de turno. La validez es la carnada con la que muchos caen y manifiestan su pequeña libertad de expresión a la vez que se asfixian en un presente que no comprenden. La verdad en cambio, siempre se construye con espejo retrovisor…


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