Campaña de no violencia contra las mujeres: cifras desalentadoras y resistencia feminista

lapipaco2 diciembre, 201817min176
Pese a los inconsistentes, incongruentes e imprecisos sistemas de información que tiene Colombia, no sólo es necesario, sino urgente visibilizar algunas cifras para alertar el riesgo de la cultura violenta y patriarcal que ha asumido, históricamente, el cuerpo de las mujeres como propiedad.

Por Juliana Gil*

 

 

Según informes de Medicina Legal, en el 2016, el número de feminicidios en Colombia se registró en 731; en 2017 se registraron 940 y, entre enero y octubre de 2018, se tiene como cifra preliminar 796.

Mientras que, en el mes de octubre de 2017, el Observatorio de Feminicidios Colombia de la Red Feminista Antimilitarista identificó 48 casos de feminicidios y 20 casos más catalogados en grado de tentativa de feminicidios, en el mes de octubre de 2018 se registraron 62 casos de feminicidios consumados y 19 en grado de tentativa, es decir, un aumento considerable en las cifras.

Esto solo demuestra una cosa: cada vez son más las mujeres víctimas de feminicidio que ven cómo la vida se les va, por una cultura que naturaliza las violencias y considera la muerte como un derecho de acción sobre ellas. Claramente, un país que viola los derechos humanos de las mujeres es un país que no progresa.

 

 

El Tolima, por su parte, se posicionó dentro de los 10 departamentos donde más se asesinaron y violentaron mujeres en el país, en los primeros 5 meses del 2018, sin contar con que, en los últimos años, la violencia en múltiples formas contra las mujeres ha aumentado significativamente.

Por ello, no es en vano que las organizaciones de mujeres en el departamento quieran manifestarse en múltiples formas y escenarios mostrando su descontento con la violencia que se evidencia como el indicador más perverso de discriminación hacia las mujeres.

Una de las cosas paradójicas en esta situación lo noté el pasado lunes. Vi algunos hombres que esperaban felicitaciones en su día, el 19 de noviembre. Pero no noté sus ganas de organizarse en contra de la injusticia estructural que les oprime.

Sin embargo, cuando las mujeres marchan y trabajan por sus derechos hay quienes se atreven a preguntar ¿y los hombres? ¿a ellos no los violentan? ¿qué hay de los hombres? Debido a que el panorama general externo sobre las reivindicaciones de las mujeres suele ser limitado, quise responder a este llamado.

Por supuesto que los hombres son violentados y, generalmente, son violentados por otros hombres en la búsqueda de control y poder, muy clásico del patriarcalismo. Incluso, son violentados por otras mujeres que asumen también posiciones de control bajo la naturalización del machismo. Pero, las cifras son contundentes y demuestran que hay una brecha enorme en estas situaciones.

Por ejemplo, la Corporación Sisma Mujer, indicó en su boletín No. 15 “Comportamiento de la violencia sexual contra mujeres y niñas en Colombia durante 2017 y 2018” que, del total de casos de violencia sexual en el país, las Mujeres y las Niñas son las más afectadas siendo víctimas de entre un 86 y 87% de los casos.

Además, en el marco del conflicto armado, las mujeres tienen que asumir el peso de la violencia sexual encarnando el 92% del total de los casos. ¡Claro que hay hombres violentados sexualmente!, pero precisamente es su condición de género la que les impide hablar de ello porque son inmediatamente asechados por la vulnerabilidad del hecho que utiliza la “feminización” de la situación como una manera de disminuirles.

Vea nuestro capítulo de #LaPipalAire sobre los avances y retos de los derechos de las mujeres: 

 

 

No se trata de justificar la situación, se trata de hacerle frente y reconocer que a los hombres no los matan por el hecho de ser hombres, pero a las mujeres sí.

Las violentan porque a su cuerpo se le imputa una carga asimétrica de género que lleva generalmente a la sumisión, la restricción, el ocultamiento, la cosificación y la muerte. Las mujeres nos organizamos, entendimos que nadie se iba a pronunciar por nosotras y decidimos emprender el camino hacia la transformación. Por ello, no pueden pedir que, ante su imposibilidad de organizarse y movilizarse, seamos las mujeres las culpables de no hablar de sus violencias y sus situaciones.

Aun así, hemos decidido caminar también para echar por tierra el sistema que les impide a los hombres sentir, llorar, expresarse, vincularse con la emocionalidad y las sensaciones, contra un sistema que les dice a los hombres como deben comportarse diferencialmente frente a otros hombres, frente a las mujeres y frente a la sociedad, contra un sistema que castra sus sentires.

Hemos decidido asumir el reto de enfrentarnos a las críticas, las burlas, los sinsabores de una reivindicación que pocas y pocos entienden como necesaria.

 

 

Hoy, no es el día de la No violencia contra la mujer, es el día para recalcar que estamos trabajando por la emlinación de la violencia contra las mujeres, así, el sentido y propuesta política de la fecha cambia. No es un día para decir ¡No violentemos a las mujeres!, aunque, claramente, esta consigna está intrínseca.

Es un día para visibilizar aún más los esfuerzos por eliminar las violencias que son múltiples, contra las mujeres que son varias y diversas y que enfrentan en sus cuerpos el sistema que se vale de una biología sexista para deslegitimar la vida digna para ellas.

No basta con que nuestros discursos modifiquen medianamente el sistema que considera que nombrarnos binariamente en la relación Hombres y Mujeres, Todos y Todas, es un proceso inclusivo. Estos discursos vacíos no tienen una carga y un sentido político real y emancipatorio.

Falta, y nos falta mucho, formatearnos nosotros en lo más profundo, hombres y mujeres que viven del enfoque de género como una instrumentalización para recibir recursos en los proyectos o para asumirse dentro de lo políticamente correcto, mientras que las relaciones de poder en múltiples escenarios continúan estáticas.

Hablar del tema de género no debe involucrarse de manera vacía como hacen algunos de nuestros compañeros de camino político, sino que debe ser un tema que responda a las exigencias y necesidades de las mujeres y a la transformación de los modelos que limitan las expresiones diversas. No es un tema para involucrar intencionalmente como una forma de percibir recursos de cooperación internacional en auge ni tampoco como una forma de estar a la vanguardia política y social frente al tema.

Por eso, el movimiento feminista afirma que no es suficiente con asumir que existen asimetrías de género y roles de desigualdad, hay que caminar hacia la transformación y con ello, la transformación de la cultura y el cuestionamiento crítico a nuestras acciones, pensamientos y teorías.

No puede ser que quienes digan defender lo público, los movimientos sociales, la liberación de los pueblos, continúen pensando en masculino y deslegitimando la lucha de las mujeres como ha sido notorio en los últimos tiempos en espacios de aparente diálogo y como es notoria en las redes sociales en el día a día.

Las mujeres que asumen su propia liberación y la de sus cuerpos son tildadas corrientemente de histéricas, mal cogidas, feminazis, desde los sectores más conservadores hasta los aparentemente más progresistas.

Parece que el sentimiento por la transformación se ha quedado estancado en el confort de la masculinidad hegemónica que lucha por no perder sus beneficios y que limita su pensamiento alrededor del género como si benevolentemente nos otorgaran a las mujeres la posibilidad de hablar, pero no hablar de más.

Nos volvemos un problema cuando decidimos caminar más allá de lo que algunos pueden ver en la línea limítrofe de su pensamiento. Estamos cayendo en la trampa de la propaganda contraria que pone en negativa las reivindicaciones de las mujeres y en el utilitarismo que invade las expresiones políticas y sociales. 

Esta conmemoración se realiza sólo un día al año, pero debe estar presente en cada minuto de nuestra acción y participación en el mundo.

A partir del 25 de noviembre se inician los 16 días de activismo en contra de las violencias de género, culminando el 10 de diciembre Día Internacional de los Derechos Humanos. Les invito a que lean la agenda para el Tolima estos días de activismo y hagan parte del proceso de visibilización de los efectos negativos de las violencias contra las mujeres para la sociedad, la cultura y las personas (https://www.facebook.com/ColectivodeMujeresdelTolima/

Es necesario desde ya habitar en la sensibilidad de los procesos, en la solidaridad como ternura de los pueblos a la que abogaba el maestro Eduardo Galeano, y en la criticidad como herramienta diaria para enfrentarse a la realidad en medio de la llaneza y el acomodo del mundo. Es necesario desde ya caminar con las mujeres.

 

 


* Socióloga, estudiante de Justicia de Género y Políticas Públicas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y Ciencias Bíblicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica. Ha coordinado proyectos con enfoque de género y de construcción de paz, es miembro activo del Colectivo de Mujeres del Tolima y la Red de Mujeres Comisión de Paz-Cedecol


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