Cabalgata: Los caballos, el guaro, la mierda y los pobres

Carlos Eduardo Cano Martinez23 mayo, 20194min1792
En ocasión del 47 Festival Folclórico Colombiano, como ibaguereño que soy, espero que no tengamos que presenciar la cabalgata este año, que los caballistas se queden con las ganas de restregarnos en la cara, sus caballos, su guaro, y su maldita mierda.

Entra la tarde en un pueblo de Colombia, y ya un gran grupo de personas se sitúan cerca del estadio para hacer realidad la tradicional cabalgata de fin de año; el paisaje es llamativo: los caballistas -en su mayoría hombres- llevan su poncho y sombrero, botella de guaro en mano también; las mujeres hacen presencia como el mayor adorno de la fiesta, muchas veces incluso son pagas para acompañar a tan significativos caballeros.

La población se aglomera a lo largo de la ruta que seguirán los caballos, en la punta del pelotón, un auto acompaña la procesión, este va engallado con un equipo de sonido que al ritmo de los Tigres del Norte: Soy el jefe de jefes señores y decirlo no es por presunción muchos grandes me piden favores porque saben que soy el mejor han buscado la sombra del árbol para que no les dé duro el sol… zarandea toda casa del pueblo.

La cabalgata ya avanza por el centro del municipio, el volumen de la música, el trago y las consignas se acrecientan, la imagen que se me presenta es bastante esclarecedora: un desfile de hombres con almas de traquetos -si es que no lo son algunos- que muestran con desparpajo su poder con trago, música, mujeres y caballos.

Por lo general, camisa apretada que deja ver su voluminoso abdomen de bebedor empedernido, el trago lo cargan los peones de las fincas, ellos se encargan de tomarles las fotos y cuidar que los hijos de los entusiastas conductores no pierdan equilibrio sobre las bestias; aún así, esta escena puede ser más dantesca, al final de la procesión, los pobres del pueblo con palas recogen la mierda de los caballos; ahí está representada la Colombia, la mierda pal´ pueblo, el que siempre come mierda ahora recogiéndola.

Al final, las bolsas de mierda son tan preciadas como el oro; pues ahí está el pago del día; por otro lado, las bestias sofocadas del cansancio se van en sus camionetas, eso sí polarizadas, que el personaje no se pierda. Asimismo, los caballos son llevados por los peones hacia los vehículos que le devuelven a su hábitat, la presencia de animalistas pone en evidencia las malas condiciones con las que algunos de estos animales terminan la jornada.

Y entonces, el personaje acá descrito, el del poder, el que manda, el patrón, el que su trono es el caballo, personifica muy bien a la élite colombiana que nos tira mierda desde el estrado y nos toca recogérsela. ¡Qué coman mierda ellos!

En ocasión del 47 Festival Folclórico Colombiano, como ibaguereño que soy, espero que no tengamos que presenciar la cabalgata este año, que los caballistas se queden con las ganas de restregarnos en la cara, sus caballos, su guaro, y su maldita mierda.


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