Así fue como los paramilitares perpetraron la masacre de El Neme

lapipaco28 diciembre, 201722min8450
Fue noticia la visita del Presidente Santos a Valle de San Juan, pero no la historia de la masacre de El Neme por la que fueron desplazados los campesinos a quienes se les restituyeron las tierras esta semana. El hecho fue registrado por el Centro Nacional de Memoria Histórica en su reciente informe sobre el Bloque Tolima de las AUC.

Esta es la historia.

Tomado del informe del Centro Nacional de Memoria Histórica: “De los grupos precursores al Bloque Tolima” (Vea: Memoria Histórica publicó informe sobre el Bloque Tolima)

La masacre de El Neme

En el mismo año de 2001, el Bloque Tolima se expandió hacia Valle de San Juan, donde cometió una masacre de cuatro personas el 24 de abril en la vereda del Neme, en lo que denominaron Operación Neme, la cual generó el desplazamiento forzado de cerca de cien personas y facilitó el establecimiento del control en este territorio.

La vereda El Neme hace parte del municipio del Valle del San Juan. Su población guarda consigo la historia de diversos procesos de violencia continuada y de diferentes fases. Una de ellas, la época de La Violencia, que dejó recuerdos aún mantenidos por los locales de la vereda:

“Yo me acuerdo era (sic)  cuando era pequeña, pero hace muchos años, que cuando eso les decían era dizque “Los Pájaros” (…) cuando vivían nuestros abuelos. De eso sí me recuerdo yo, que tocaba dormir en el monte, y llegar en el día a cocinar a la casa y salir otra vez de la casa porque si no los mataban” (CNMH, mujer, Acuerdos de la Verdad, Valle de San Juan, 2015, 14 de agosto, CV 9).

El conflicto armado se intensificó en la década del noventa en todo el departamento. Por ejemplo, las FARC-EP, que tenían presencia en la zona, iniciaron una escalada militar contra estaciones de policía y guarniciones militares, como parte de su plan de expansión y control territorial. Paralelamente, fomentaron acciones violatorias del derecho humanitario como amenazas, tomas de rehenes, secuestros, extorsiones y hurtos contra civiles relacionados con las élites locales. Además, incrementaron el control militar instalando retenes. En 1997 secuestraron al padre de José Baquero, uno de los finqueros más reconocidos del municipio (Higuera, 2013, página 89).

Estas acciones de las FARC-EP le permitieron a la Policía detectar los movimientos de un grupo de milicianos que apoyaba al Frente 21 en la vereda:

“Edgar Galindo, el Jefe de la Policía del Valle de San Juan empezó a hacer una investigación sobre la relación entre la guerrilla y algunos habitantes del Neme en las extorsiones, robos y vacunas a la población. En sus investigaciones descubrió que Hernando Cañizalez, alias ‘El Burro’, tenía vínculos con las FARC y que junto a alias ‘El Paisa’ había participado en el secuestro del señor Baquero, que era quién había recibido el dinero y que con frecuencia llevaba mercancía robada que era desvalijada y revendida en la ca- becera municipal. Adicionalmente, Galindo descubrió que Tuco (sic), José Antonio Bernate, era quién dirigía el robo de ganado en el Valle de San Juan con órdenes de la guerrilla” (Higuera, 2013, página 90).

Esto explica la captura de Hernando Cañizalez Guarnizo, El Burro, el 1 de enero de 2000, acusado de ser el jefe de finanzas del Frente 21 de las FARC-EP en la vereda del Neme. De esta manera, se produjo una estigmatización contra la población, señalándola de forma generalizada como auxiliadora de las FARC-EP y cómplice del abigeato en la región.

En El Neme se consolidó un corredor de movilidad de los actores armados: por un lado, las FARC-EP expandió su área de influencia desde el sur hacia el norte por la Cordillera Central, mientras que el Bloque Tolima instaló una de sus bases principales en la vereda colindante de Tomogó, municipio de San Luis. Así, desde el 2000 tomó fuerza el accionar paramilitar en la región a través de homicidios de personas civiles.

Entre las características de la comunidad de la vereda El Neme se destacaban su composición campesina con escasez de tierras, los bajos niveles de educación y dificultades para emplearse u obtener recursos o ingresos con sustento en la economía campesina. Pese a su vocación agrícola, la mayoría no era propietaria de tierra y debía recurrir al arrendamiento de hectáreas para trabajar por periodos de seis meses. En contraste, la zona presentaba concentración de la tierra con predominio del latifundio.

Al tratarse de una zona de anclaje guerrillero y de reciente incursión paramilitar, lo que le significaba una zona de anclaje inestable, el Bloque Tolima recurrió a la modalidad de violencia masiva e indiscriminada, con el objetivo de provocar terror en la población civil, en busca de presionar divisiones dentro de la comunidad.

La incursión en la vereda El Neme por parte del Bloque Tolima a partir del 24 abril de 2001 conllevó modalidades de violencia que dieron lugar a violaciones de los DDHH y del DIH, tales como amenazas, torturas, masacre, desaparición forzada, toma de rehenes y confinamiento. Los testimonios revelan que desde un año antes realizaron inteligencia en la población:

“Ellos, los paramilitares, no habían aparecido el día que precedió a la masacre del Neme sino mucho antes (…) Tan solo tras la ocurrencia de los hechos violentos, (…), los habitantes del Valle de San Juan notaron que efectivamente, la ‘gente rara’ que habían visto en el año 2000 y aquellos hombres ‘disfrazados de mineros’ eran los mismos paramilitares que en 2001 los atacarían” (Higuera, 2013, página 23).

Así pues, semanas antes de la ocurrencia de los hechos el grupo utilizó otros repertorios de violencia como las amenazas efectuadas por medio de panfletos y listas, repartidos en casas del Valle de San Juan, anunciando “limpieza social y contra la subversión”. Las listas fueron publicadas en lugares visibles del pueblo, como en la propia esquina de la Estación de la Policía. En ellas se sentenciaba a muerte a personas por supuestos vínculos con la guerrilla. (Higuera, 2013, página 31).

Una de estas amenazas produjo la desaparición forzada y el homicidio de José Antonio Bernate, el 15 de abril de 2001 (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, página 231). Su cuerpo fue encontrado con signos de tortura (Higuera, 2013, página 34). A raíz de ello, se produjo el desplazamiento de algunas personas de la vereda El Neme que aparecían en la lista de amenazados del Bloque Tolima. (Higuera, 2013, página 34).

A las dos de la mañana del 24 de abril de 2001, cerca de cien paramilitares del Bloque Tolima de las AUC irrumpieron en casas y caminos de la vereda, movilizados en camiones, portando uniformes y armamento, supuestamente sin ser percibidos por las autoridades durante el recorrido hasta El Neme. La incursión fue planeada por algunos comandantes, como relata un exparamilitar postulado a Justicia y Paz:

“(…) a la casa llegó como con seis o siete muchachos, yo voy adelante como contraguerrilla de choque, a eso de cuatro y media a cinco de la mañana, yo llegué a la casa de EL BURRO, empujamos la puerta, allí entró GORILA, CHAPULIN, CHULO NEGRO, CHULO y mi PERSONA, estaban en pijama, estaba una señora, dos muchachos y una muchacha de unos 14 años, requisamos pero no encontramos armamento, las personas se amarraron, luego le dijimos a ARTURO que no estaba EL BURRO y es cuando me da la orden de dar de baja a esas personas” (Versión libre conjunta Oscar Oviedo y Ricaurte Soria Ortiz, 3 de septiembre de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

Según algunas versiones libres de los postulados a Justicia y Paz, al incursionar en la vereda, el objetivo consistió en la búsqueda de Hernando Cañizalez Guarnizo, alias el Burro, acusado de ser el jefe de finanzas del Frente 21 de las FARC-EP (Eltiempo. com, 2000). Sin embargo, cuando llegó el Bloque Tolima al Neme, Cañizalez se encontraba preso en la cárcel de Picaleña, pues un año antes había sido capturado por el Batallón Rooke.

En los hechos cometidos en la incursión, algunos encapuchados se ubicaron en la vereda e irrumpieron en las viviendas de manera violenta al golpear y amenazar a sus pobladores. Al llegar a la vivienda de José Bernate, las personas encontradas fueron retenidas, amenazadas, amarradas y posteriormente masacradas. Las víctimas en este caso fueron: la presidenta de la Junta de Acción Comunal, Cecilia Guarnizo (madre de Hernando Cañizarez); los hermanos Willington y Huber Bernate (hijos de José Bernate, El Tuco) y Héctor Fabio Díaz (oriundo de San Luis, quien se encontraba trabajando en El Neme).

En esta casa también fueron retenidas otras 12 personas de la población civil, posteriormente trasladadas y confinadas en la escuela de la vereda. Un testigo describió lo sucedido:

“Eso fue el 24 de abril como a la 1 de la mañana, yo estaba donde mi comadre Marta, llegaron a golpear y yo les abrí, al yo abrirles un señor moreno, tapada la cara, me pegó en el pecho y me mandó hacia atrás, (…), de ahí me esposaron con otro muchacho [Héctor Sánchez] que a él sí lo mataron. Me sacaron de ahí para la carretera (…) por una vía que hay pa una arrocera y me preguntaron por mesas de billar, yo les dije que no, que sí han habido pero hace tiempo, que había en una vereda Tomogó; [me preguntaron] (…) Me llevaron siempre bien adentro y después allá me devolvieron y luego (…) me acurrucaron y me dijeron que me acurrucura junto con el otro muchacho que mataron, a Héctor [Sánchez]. Yo sentí en ese momento como si me hubieran echado un baldado de agua caliente de la cabeza a los pies. De ahí nos dijeron que nos levantáramos otra vez.

Nos fuimos para la casa del finado José Antonio Bernate que el domingo de ramos lo habían matado. Ahí tenían los hijos [de José Bernate] amarrados y nos metieron ahí. Y ahí echaron, llegaron gente (…) entonces los pararon ahí a todos y los llevaron para allá. A la madrugada, como a las 5:00 am o algo así, llegó un camión, una turbo, que al dueño le dicen por mal apodo Monoviejo, le iban a cargar aguacate, también los echaron ahí. (…) Cuando me cogieron me trataron mal, me dijeron que era un hp guerrillero (…) Después, ya amaneció, la gente de Tuco, de donde José Bernate, la llevaron para la escuela. Quedó una señora que mataron, la señora Cecilia, que yo viví ocho años con ella, (…), dejaron los dos hijos de José Antonio Bernate, Héctor, la finada Cecilia y mi persona (…) Y fue transcurriendo el tiempo hasta que ya por la tarde como a la 1:00 pm (…) llegó el comando y me preguntó que cómo me llamaba, le di mi nombre y entonces me dijo ‘usted se está aquí y no se me va a volar’ (…) A los otros les quitaron las esposas y los amarraron y a la señora que estaba suelta la amarraron por detrás y la echaron por delante como cuando uno arrea becerros mansitos, la echaron para abajo, a la vía La Arrocera y al ratico escuché los disparos” (CNMH-DAV, hombre, entrevista, Acuerdos de la Verdad, contribución voluntaria, Ibagué, 2016, 19 de agosto).

Este mismo testimonio describe cómo en este corto periodo en que las víctimas de la masacre y otras personas del pueblo permanecieron en la vivienda de José Bernate, miembros del Bloque Tolima cometieron otras acciones como la destrucción de bienes civiles, el pillaje de animales de crianza y el robo de cosechas de la población civil así como de bebidas alcohólicas que eran comercializadas en cantinas del lugar.

“Amaneció y ya se escuchó una ráfaga de una ametralladora y mataron hasta un becerro, entonces dijo un man de esos de las AUC ‘esto se putió’ (…) Había un señor que se llama [se omite nombre] que tenía un macho que le habían prestado para cargar el abono y ellos le colocaron las iniciales de las AUC y dijeron ‘este macho donde lo vea la guerrilla lo vuela’ (…) Después de eso llegó una camioneta (…), entonces me llamaron (…) me pusieron a cargar un maíz en tusa que había (…) Lo otro fue que ahí había cantina de la comadre [se omite nombre] y de la comadre [se omite nombre] y toda esa bebida se la tomaron, entonces ellos estaban como borrachos. (…) Después me dijeron que me fuera de ahí porque eso iban a explotar los cilindros, que le iban a meter candela a esas casas (…) Llegó un camión con cuatro de ellos pero ya de civil a cargar ganado (…) ahí se echaron como de 15 reses a diez, lo que cupo” (CNMH-DAV, hombre, entrevista, Acuerdos de la Verdad, contribución voluntaria, Ibagué, 2016, 19 de agosto).

La sentencia de Jhon Fredy Rubio y otros exintegrantes del Bloque Tolima sintetiza de la siguiente manera los hechos mencionados anteriormente:

A la media noche del 23 de abril de 2001, cerca de 100 paramilitares se tomaron la vereda del Neme en el Valle de San Juan, capturaron, amarraron y encerraron a 12 personas, confinaron a 150 pobladores en la escuela de la vereda, los obligaban a cocinar y a comer de sus propias reses, asesinaron a 4 pobladores, hurtaron 26 reses y bienes extraídos de las casas de los habitantes del Neme, incineraron 3 casas, algunas de ellas habitadas por las personas fallecidas. También escribieron varios graffiti en tinta negra y roja en las paredes de las viviendas y de la Escuela con textos alusivos a las AUC: ‘AUC, BLOQUE TOLIMA’; ‘FUERA GUERRILLEROS SAPOS’; ‘CARLOS CASTAÑO PRESENTE’. Cerca del final del día, los paramilitares dijeron a los habitantes encerrados en la Escuela que solo podrían salir de ahí a las cinco de la tarde y que lo mejor era que se marcharan de la vereda. Que ellos iban a estar patrullando y no querían problemas con nadie. Que lo que habían hecho era algo que debían hacer por el ‘bienestar’ “ (Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, Sala de Justicia y Paz, 2014, mayo 9, Sentencia de Jhon Fredy Rubio Sierra y otros, página 157).

Respecto de los hechos cometidos en la vereda, según versiones libres de los postulados a Justicia y Paz, la responsabilidad de la planeación y ejecución de la masacre se describe en el siguiente fragmento de texto:

“Esta operación se planea no sé si en EL TABOR o LAS CAROLINAS, la planean ELIAS, ARTURO y MAURICIO. Los del FOI [Frente Omar Isaza] iban de apoyo, como unas CUARENTA UNIDADES, de nosotros íbamos como unos SESENTA, de nosotros íbamos con tres contraguerrillas, porque iba 3030, SOLDADO y mi persona cada una con veinte hombres cada una y alias MELCHOR, al mando de los del FOI. Llevábamos armamento largo” (Versión libre conjunta Oscar Oviedo y Ricaurte Soria Ortiz, 3 de septiembre de 2010, Fiscalía 56, Ibagué – Tolima).

Sumado a lo anterior, en la distribución de responsabilidades del hecho también se encuentra el exalcalde del Valle del San Juan en la época de la masacre, Gonzalo García Angarita, condenado en el 2009 por vínculos con el Bloque Tolima (Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, radicado 27.941, 1 de octubre de 2009), pero recobró su libertad en el año 2011 y continúa vigente en el escenario político regional (A la Luz Pública, 2014).

La masacre de El Neme es uno de los casos representativos de los modos de actuación del Bloque Tolima en la zona centro del departamento. Por esto, serealizará más adelante una aproximación a la masacre y a la valoración de los daños ocasionados a partir de las violaciones a los DDHH e infracciones al DIH.

Lea también: Los alcaldes salpicados por los paramilitares en informe del Bloque Tolima

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