Ambientes distópicos: Predicciones

lapipaco13 diciembre, 20184min122
Ahora que se avecina el comienzo de un nuevo año, marcado por ese artificial sistema gregoriano de contar los años, no deja de ser tentador predecir un poco qué es lo que podría pasar en esos días por venir.

No serán predicciones dramáticas, eso sí, como ajustes radicales a los días de la semana –pensar, por ejemplo, en los más de cinco días laborales que imagina David Mitchell en su novela El atlas de las nubes-, sino más bien, pequeñas predicciones, inferencias, que se asomarían soterradamente –con ese estilo distópico que tanto me gusta pensar- en nuestra vidas casi sin darnos cuenta.

Inferencias como la que piensa Michel Maffesoli, al analizar las protestas que se han desencadenado en Francia en las últimas semanas, según la cual estamos comenzando una nueva época donde se robustece la vida comunitaria, terminando otra –que ha estado desde la modernidad- donde predominó la democracia representativa. ¿No es maravilloso saber que vamos a presenciar un cambio en nuestra forma de entender el mundo?

Desde que era adolescente he coqueteado con la idea, y por momentos certeza, que los tiempos en los que se me ha dado vivir, son tiempos que se envuelven en drásticos cambios, que con sólo esperar unas décadas, se podrán ver los resultados de todos esos movimientos.

Y no es para menos, cuando en sólo unas décadas se han atravesado un sin número de situaciones, que llevaron a una transformación radical de las maneras en que nos relacionamos (somos una red social) o a un debilitamiento de la confianza pública (la medialidad de las palabras hacen que pierdan su poder: ¿palabras falsas?), no es difícil entrar en el sentimiento distópico y predecir el reacomodamiento de todas las fuerzas que organizan la estructura de nuestra sociedad.

Lo que no es fácil –como siempre- es saber como nos reacomodaremos, pues siempre hay que recordar que cada nuevo cambio desarrolla sus propios mecanismos para ser comprendido. Estamos todo el tiempo a contrapelo de lo que nos sucede, por lo que siempre se acude a ese “espejo retrovisor” que calma acostumbradamente, las ansiedades que se generan cuando atravesamos por periodos de cambio (extremo): no sabemos aún cómo nos ha afectado las omnipresentes y omniconscientes redes sociales, pero ya sabemos que debemos controlar mejor nuestra relación con ellas.

Pensar en que en los próximos años nos tornaremos más comunitarios, es reconocer también, que lo tribal –esa aldea global que pensara Marshall McLuhan- no se ha podido apocopar con el paso de modernidades y capitalismos: somos animales gregarios. Y con nuestro gregarismo es que tendremos que construir la estructura de un nuevo momento para nuestra especie, que reconozca diversidad de seres en el mundo y que, todo lo que dejemos de hacer, tendría consecuencias difíciles para nuestra propia supervivencia: estamos en un planeta y el planeta también debe contar en nuestras decisiones futuras.

Ya veremos en que nos convertimos, sí en en una especie más equilibrada o en una aún más desigual, pero lo cierto es que ya no respondemos con las mismas rutinas a los desafíos con los que nos encontramos, puesto que ya tenemos nuevas comprensiones que hemos integrado a nuestro juicio: podremos ser más diversos.

¿Y cuál es su predicción distópica?


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