Adiós Guaidó

Johan Mendoza Torres6 mayo, 20194min361
El desarrollo no se escribe en lenguaje europeo ni en lenguaje estadounidense. Lo escribiremos a nuestra manera. ¡Así nos equivoquemos una y otra vez! Porque, aunque equivocados, cada una y otra vez con acierto podremos ser nosotros.

Adorada Latinoamérica…nada te perdonarán si es auténticamente tuya la iniciativa.

El desarrollo no se escribe en lenguaje europeo ni en lenguaje estadounidense. Lo escribiremos a nuestra manera. ¡Así nos equivoquemos una y otra vez! Porque, aunque equivocados, cada una y otra vez con acierto podremos ser nosotros.

Hagamos claro lo que está oscuro. La lucha contra ese cruel y admitido fascismo del siglo XXI, recubierto del falso epíteto de “comunidad internacional” está haciendo que todas las fuerzas sociales se dirijan a una movilización política, económica, intelectual, y artística ¡no es para menos!

Todo vale, desde el texto investigativo, hasta el grafiti tímido pero contundente hecho en una pared inocente e ignorada que podría pasar a la fama.

Si la izquierda caviar supiera cómo calma el hambre una mortadela, podría confiar en nuestra mirada que observa el alba por el sur.

En Nuestra América, ya sabemos lo que significa una barbarie dirigida y orquestada por Estados Unidos, nación llena de gente tan linda y de políticos ahogados en la amargura intoxicante del poder por el poder, pagados en lobbies por los directores de siempre, gerentes petroleros. Por ello es un deber evitar que reaparezca.

Si el germen de la barbarie está en Twitter, entonces haremos de un trino el fundamento para recordar que en el lenguaje los fascistas violaban y seguirán violando a la democracia si no les hacemos frente.

Le llamaron operación libertad a un golpe fallido en Venezuela, quizá para recordarnos el calibre del engaño que pueden llegar a adorar tantos incautos utilizados para propósitos ajenos. Libertad para Irak no sale de nuestra memoria de derrotados, de guardianes del millón de muertos que causaron vencedores como Bolton y Pompeo.

Allí, en las apreciaciones aparentemente “sin luces” de un Bolsonaro, de un Uribe, de un libreto mal hablado por un tal Guaidó, está el fundamento para que los violentos maten inocentes, para que se discrimine, para que nos nieguen la posibilidad de vivir con plenitud la autenticidad latinoamericana.

Si la metáfora es un arma para entender la naturaleza, entonces aportaremos las que sean necesarias, para que ese fascismo del siglo XXI comprenda que el laurel también es un veneno.

Ojalá no olvidemos que la batalla comienza con el lenguaje, y terminará en boca de los que queden vivos, o de los que dejen sus letras tan intensamente grabadas. Por ahora Guaidó ya se quemó. Sacó a Leopoldo porque necesitan refrescar las caras fallidas, no obstante, la invasión militar que les queda es la opción que les alimenta.

El eterno retorno nos hará odiar y amar a nuestros enemigos, el eterno retorno nos hará hablar, consensar o batallar cuando sea necesario, hoy, ante el fascismo del siglo XXI la opción parece ser unidireccional; ¿adiós a Guaidó y la guerra que regresa a Nuestra América? ¡Vuelvan Caras Carajo!


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