¡No son ellos, somos nosotros!

Juan Guillermo Hernández Lombo23 septiembre, 201816min4881
Juan Guillermo Hernández Lombo
La expansión de la especie humana y su carácter devorador consumista tiene acorralados a los demás seres vivos que habitan la tierra. Invadimos su hábitat y aún así creemos que son ellos quienes nos atacan

La naturaleza depredadora del ser humano no se detiene y la fauna silvestre hace lo posible por resistir el carácter devorador de la especie humana que tiene arrinconados a casi todos los seres vivos que habitan de manera salvaje este planeta. La disputa por el territorio, la comida y el absurdo de la destrucción como entretenimiento, plantean una lucha entre nuestra especie y el resto de los habitantes del planeta Tierra.

Esta lucha, que no es nueva y que ha acompañado la “evolución” misma de la humanidad, se convirtió en la victoria mas agridulce que haya podido alcanzar el hombre, pues al imponerse sobre la naturaleza, también se impuso una forma de entender y ver el mundo, se impuso el paradigma antropocentrista.

Vivimos en la era del Antropoceno, la era en que los humanos tenemos el poder de transformar la biósfera, el mismo poder de las fuerzas geológicas. La actual era es el escenario perfecto para que el paradigma antropocentrista reine, y con él, los humanos creemos que todo el universo ha sido hecho para nosotros. La arrogancia de nuestra especie nos separa del resto.

Conforme a esa arrogancia, buscamos conquistar y someter a la naturaleza, asumimos propio e inmutable el derecho a explotar los recursos naturales y otras especies de manera cruel. Vemos a la naturaleza como una gran maquinaria, cuyas partes son infinitas, intercambiables y reemplazables.

Lo grave de esta creencia es que no es así. Los recursos del planeta se agotan y las sociedades avanzan hacia una destrucción a corto plazo del planeta y a mediano plazo de nuestra propia especie.

Por otro lado, la inminente crisis ambiental que experimenta el planeta (que es advertido por el mundo de la ciencia) el hombre empieza a relativizar ese paradigma antropocentrista devorador y uno nuevo emerge para tratar de revertir la espiral de autodestrucción en la que pareciera nos vemos inmersos. Este nuevo paradigma toma diferentes nombres de acuerdo a distintos autores: paradigma de los “sistemas vivos”, “regenerativo”, de la “complejidad”, “holístico”, “ecológico”.

Este nuevo paradigma, plantea que nosotros, nuestras estructuras sociales y nuestro ambiente biofísico forman un todo, un sistema socio-ecológico integrado. Los humanos, como cualquier otro organismo, participamos en la co-creación de los procesos de metabolismo y cambio que le dan forma a la biosfera. Dejamos de ser agentes externos de control y dominación para ser un elemento mas.

Es decir, los humanos que nos veíamos separados de la naturaleza, pasamos ahora, a vernos y entendernos como parte de un sistema vivo, complejo e interconectado, del cual somos parte. En otras palabras, nuestra especie también es naturaleza, somos la tierra consciente de sí misma, somos aliados en los procesos de evolución y creación.

En Colombia, el paradigma antropocentrista aún impera y lo que es peor, nos rehusamos a transitar hacia un paradigma ecocentrista, al punto, que una vez alcanzado el fin del conflicto armado con las FARC, nos hemos encontrado como sociedad, con otras conflictividades que latentes pero invisibilizadas por la crudeza de la guerra, nos agobiaban con igual severidad que aquella que nos dejaba la confrontación armada con las guerrillas.

Una de esas conflictividades está precisamente en la lucha por el uso del suelo en nuestro país, más de 2 millones de hectáreas de actividades agropecuarias se desarrollan en territorios de protección ambiental: 68% en zonas de reserva forestal, 17% en páramos y 15% en parques nacionales. Todo un conflicto con la estructura ecológica principal de nuestro país, todo un conflicto con nuestro futuro.

Hace tan solo un par de meses, el país pudo conocer por primera vez en su historia, lo que ha sido denominado como la Frontera Agrícola, entendida como ese  “límite del suelo rural” que separa las áreas donde se desarrollan las actividades agropecuarias, las condicionadas y las áreas protegidas, las de especial importancia ecológica y las demás áreas en las que las actividades agropecuarias están excluidas por mandato de la ley

De igual forma, la frontera agrícola nacional es el marco de referencia para coordinar las acciones entre la institucionalidad del sector agropecuario y ambiental, lograr la meta de reducción de las tasa neta de deforestación y conservar los ecosistemas de especial importancia ambiental.

La frontera agrícola nacional según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra) se tasó en 40.075.960 de hectáreas, esto significa que, el 35 por ciento del área continental del país, se configura en adelante como esa gran parcela para el dearrollo de actividades económicas de tipo agrícola, pecuario, forestal, acuícola y pesquero.

El dato es que de esas 40 millones de hectáreas, en la actualidad solo 7,6 millones de hectáreas están cultivadas equivalentes al 20% de la frontera agrícola definida, lo que permite concluir que existe un amplio margen para extender más el área de siembra, pues el 80% de tierra restante no necesariamente se encuentra dedicada a la ganadería; de los 2,7 millones de Hectáreas que abarca el Departamento del Tolima, la frontera agricola quedó delimitada en 1, 6 millones de hectáreas, equivalentes a un 60% del total del territorio.

Según un informe del Centro de Investigación Económica y Social (Fedesarrollo), en Colombia las principales causas de la deforestación son la expansión de la frontera agropecuaria, especialmente para ganadería extensiva, siembra de cultivos ilícitos, tala ilegal, minería e infraestructura, incendios forestales y presión por el crecimiento poblacional.

Estos datos plantean entonces enormes retos institucionales en materia de salvaguarda ambiental; en el caso del Departamento del Tolima, las zonas de reserva o de exclusión de la frontera agrícola son bajas, pues tan solo el 40% del territorio estaría ubicado en tal condición, lo que hace que tan solo frente a las actividades agrícolas, nuestros ecosistemas tendrán una enorme desventaja y requerirán de una mayor protección.

El hecho de aumentar la frontera agrícola en nuestro país que según expertos aumentó de 35 a 40  millones de hectáreas -según los datos aquí señalados-, así como el hecho de contar con una clara delimitación de la misma, evidentemente es una oportunidad ventajosa para el sector agroempresarial, y una nueva demostración de lo imperante aún en nuestro país del paradigma antropocentrista.

Noticias como las de la muerte de un Puma Concolor al parecer por campesinos del del municipio de Libano, por el supuesto ataque permanente de este felino a los animales de granja de sus fincas, registrada en esta semana por los medios regionales; o el ataque por parte de perros cazadores a un Oso de Anteojos en la vereda Toche zona rural de Ibagué hace un  par de semanas y la mas reciente denuncia del Director de Cortolima, sobre la presencia de cazadores en el sector del Páramo de Las Gemelas en inmediaciones de Riomanso en el Municipio de Rovira, son el resultado de ese paradigma antropocentrista que aún nos domina y sobre el cual hay que trabjar mucho para lograr superarlo.

Para completar el recuadro de esta fotografía, por estos días en la corte Constitucional se adelanta el estudio de una demanda en contra del Decreto Ley 2811 de 1974 y del Estatuto de Protección Animal de 1989, que permiten la caza de fauna silvestre con fines deportivos y la existencia de “cotos de caza” algo así como áreas destinadas a esa actividad dentro de zonas de amortiguamiento de reservas naturales, hasta ahora, la inconstitucionalidad demandada cuenta con el respaldo de la Procuraduría General de la Nación, ente que se pronunció señalando que las normas que actualmente reglamentan la caza deportiva, son contrarias a la dimensión ecológica de la Constitución Política de 1991, porque matar a un animal por recreación es desconocer los progresos alcanzados en materia de protección ambiental en el país.

Para la Procuraduría la caza deportiva desconoce el deber de proteger a los animales como seres sintientes y no como cosas. Además “este tipo de caza no se trata de una actividad justificada en razones de subsistencia, ni de control poblacional de las especies”, agregó la entidad en su concepto. Por esa razón “es imperioso que se retiren del ordenamiento jurídico las normas demandadas, que permiten la muerte, tortura y mutilación de los animales exclusivamente para recrear al ser humano”, señaló el Ministerio Público.

Por lo tanto, es imperioso reflexionar sobre el hecho de reconocer que no son ellos, somos nosotros los que a partir de ese paradigma antropocentrista hemos inventado y trazado fronteras y aún así las hemos violado; que sencillamente hemos invadido su espacio y en esa lucha natural por la supervivencia ellos deben defender su territorio.

Si tan solo por un momento logramos entender que no son ellos, somos nosotros, podemos decir que empezamos a dar un giro en nuestra forma de vernos dentro del mundo.

One comment

  • Wilson Ramirez

    14 octubre, 2018 at 11:36 PM

    Muy cierto el escrito. me preocupa la deforestación en el Caquetá, la Amazonas, el Chocó, los llanos Orientales, para no nombrar otros departamentos, por favor escribamos la explotación de los recursos naturales indiscriminadamente, y investiguemos en manos de quienes están las mejores tierras del país. me encanta leer sobre la naturaleza y debemos unirnos para cuidarla. las FARC era la mas ambientalista en Colombia.

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