1, 2, 3… La educación pública otra vez

Carlos Gamboa9 octubre, 20183min3480
Universidad-Publica
Desde que tengo memoria en Colombia se ha marchado por defender la Educación Pública. No transcurre un año en el cual no tengamos registro de una movilización cuyo eje central sea el reclamo de solución a un problema educativo.

Los llamados “Comuneros de la UIS” en 1968, el gran movimiento estudiantil de 1971, el Movimiento de la Constituyente de 1990 y la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) de 2011, solo son cuatro hitos para corroborar que en Colombia la construcción de un sistema estatal de educación sigue siendo una tarea pendiente.

El 2018 viene a ser otro momento de eclosión. Después de un periodo tratando de consolidar un proyecto de paz, hoy amenazado por la ansiedad guerrerista de los latifundistas de Colombia, abrimos los ojos ante la cruel realidad: el dinero que se irá para guerra podría ser invertido para un bien nacional que lo requiere: la universidad pública.

Las Universidades Públicas se caen y no es una metáfora. La demanda de formación de los ciudadanos colombianos cada vez es mayor, darle respuesta es una angustia. Los indicadores para evaluar la gestión universitaria en sus ejes misionales se hacen más exigentes, porque no solo debemos cumplirle a nuestra realidad, sino también a la OCDE.

La inversión en las Universidades es tan exigua que resulta una proeza cumplir los retos de los Planes de Desarrollo. Investigar sin los recursos necesarios es como escalar sin arnés. Educar sin los recursos didácticos adecuados resulta un remedo del acto pedagógico. Hacer proyección social termina siendo una conversación con el entorno sin poder intervenir en sus problemáticas, nada más.

Las infraestructuras requieren inversiones altas. La dotación de recursos tecnológicos que necesitan las universidades para estar a tono con las nuevas formas de enseñar, es descomunal. Educamos para el siglo XXI con los recursos del siglo anterior.

Por eso volvemos a las calles a reclamar nuestro derecho a una educación pública, de calidad y gratuita. Tres sueños por los que miles de banderas, cantos, pancartas, manos, voces, pies y cuerpos hemos caminado durante décadas y seguiremos caminando, porque estamos convencidos que, como dijo Everett: “La educación es una mejor salvaguardia de la libertad que un ejército permanente”.

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